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Terrado
de cuervos
“La guerra había llegado a su fin y yo
acababa de fortificarme cuando el miedo, que solamente
aguarda un alivio para manifestarse, el miedo entro en mi
como una tempestad y desde entonces mi guerra
comenzó.”
Henri Michaux.
La mosca
El Peso enfermo de mi cabeza
gobierna la podredumbre de volar en este
insecto,
(la uña duerme/ la brisa es negra)
su vaivén devora mi angustia
jadeo sudo enfebrezco muerdo
me poso en tus hombros te lamo la nuca
me hundo en tu cadáver
¡tu aroma es profundo!
mancho mis alas contigo,
lluevo asesina en mí
me encierro a volar viscosa
hasta la pared de tu cráneo.
Manchas
Melancólicas
Madrugan
En tus tobillos
Tu cuerpo se observa en una cama
destendida
El pánico en un pañuelo mira el morado
del silencio
Se aferra a tus huesos
Te atrae a la noche nueva
Se mete al baúl
Junto a tus prendas blancas.
La palabra nadie
es una bola de
piel
cubierta de pelos y cálidos
temores.
Un mundo
con los huesos rotos
Un silencio lila que se recupera / sin
la boca abierta por donde gritar “mátame”.
Es vivir en el aire
Saboreando un
trago negro y salado
Es la bola que aplasta mi
sonrisa
Enroscada hacia
su distorsión
Al contacto con un tibio rencor
rodante
Pidiendo tiempo
A lo que rechina
diciendo que no.
En la cruz
Que el dedo
medio dibujó en la pared
Sobre mi cama
Ya no hay
tiempo
Solo el olor a
huesos sin origen
Circulando la
noticia fantasma.
Alumbramiento
Una autopista blanca,
Una raya negra sobre el medio / se
extiende
Palpito a oscuras
Como el miedo en una linterna / encendida.
Apenas sus ojos existen
Apenas el pensamiento de
los pájaros
Sobrevolando
Mi cabeza repleta de semillas
frías
Apenas esa almohada de plumas en remolino
Y tu resortera
Que la
besa sin separar los labios
Apenas las altas gotas del sueño
Lentas
Y gigantes
Contra el empeine de mis abismos.
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