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Homenaje Multimedia

a Javier Heraud

 


DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS

       Javier Heraud Pérez nació en la ciudad de Lima, Perú, el 19 de enero de 1942. Hijo de Jorge Heraud Cricet y Victoria Pérez Tellería, fue el tercero de seis hermanos.

       En 1947 ingresó al Colegio de Los Sagrados Corazones de Belén y en 1948 se incorporó al primer año de primaria en el Colegio Markham, donde cursó toda su instrucción escolar. Al concluir sus estudios recibió el Segundo Premio de su promoción y el Primer Premio de Literatura. Se destacó
además en competencias deportivas, en las que obtuvo diversos trofeos. Colaboró en la revista del Colegio con artículos y poemas.

       En 1958 ingresó con el primer puesto a la Facultad de Letras de la Universidad Católica del Perú. Ese mismo año ocupó la plaza de profesor en el Instituto Industrial Nº 24, donde dictó cursos de castellano e inglés. En 1960 le nombraron Profesor de Inglés en el Colegio Nacional Nuestra Señora de Guadalupe.

       El 16 de enero de 1961 se inscribió en las filas del Movimiento Social Progresista (MSP), de tendencia Social - Demócrata. Participó en la manifestación de repudio a la visita de Richard Nixon al Perú, en ese entonces vicepresidente de los EE.UU. Se matriculó en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde estudió Derecho por insistencia de su padre, carrera que nunca le interesó. En San Marcos frecuentó nuevas amistades y se relacionó con los círculos literarios sanmarquinos. Publicó "El Viaje", en edición conmemorativa del X Aniversario de Cuadernos Trimestrales de Poesía. Se le nombró Profesor de Literatura en el Colegio Nacional Melitón Carbajal, de Lima. El 16 de mayo de 1961 se produjo una gresca entre simpatizantes de la revolución cubana —entre los que se encontraba Heraud— y exiliados cubanos anticastristas frente a la iglesia de San Francisco, luego que estos últimos organizaran una misa, y hubo varios detenidos. El 20 de julio fue a Moscú invitado al Forum Mundial de la Juventud. Llevó la representación de su partido, el MSP. Permaneció 15 días en Rusia, visitó la Plaza Roja de Moscú y la tumba de Lenin. Testimonios del encuentro son los poemas "Plaza Roja 1961" y "En la Plaza Roja". Conoció Asia, viajó a París y Madrid. En París visitó el sepulcro donde descansa el poeta Cesar Vallejo (Poema "En Montrouge"). El 20 de octubre regresó a Lima.

       En 1962 renunció al Movimiento Social Progresista. En su carta escribe: "Es el planteamiento falso de este llamado "socialismo humanista" lo que está condicionando toda la marcha del Movimiento y lo lleva a una praxis equivocada. Yo no creo que sea suficiente llamarse revolucionario para serlo…". Luego diría: "De ahora en adelante, me enrumbaré por la ruta definitiva donde brilla esplendorosa el alba de la humanidad."

       Recibió una beca para estudiar, en Cuba, cinematografía. El grupo de becarios partió de Lima el 29 de marzo, por tierra, con destino a la ciudad de Arica, Chile, donde permaneció cinco días. El grupo fue recibido por los militantes del Partido Comunista de Chile. En Arica se encontraba Salvador Allende que más tarde sería presidente de su país. En la noche del 4 de abril pisó tierra cubana. En La Habana conoció la Plaza de la Revolución donde se encuentra el monumento al poeta y héroe de Cuba José Martí. “Vi al Apóstol en piedra, para siempre”.
       
       Se encontró con Fidel Castro: “Vi a Fidel de piedra movediza, escuché su voz de furia incontenible hacia los enemigos. Y recordé mi triste patria, mi pueblo amordazado, sus tristes niños, sus calles despobladas de alegría”. Después lo catalogaría como “el hombre de la Revolución" y de "sencillo, normal y amistoso".

       Recorrió junto a otros camaradas distintas ciudades, entre ellas Camagüey, Santiago de Cuba, y la ya mítica Santa Clara que vio luchar al Che Guevara durante la revolución. Dentro de su preparación de combatiente social y guerrillero escaló la Sierra Maestra, lugar donde años atrás se había librado la guerra de guerrillas. Diría después: "Aquí todo es tan hermoso". En esta etapa se fue dando en el poeta un rápido proceso de amor y entrega a la humanidad junto a sus profundas convicciones de justicia social.

       Sin descuidar el cultivo de las artes, en mayo de 1962 se matriculó en la Universidad de la Habana como estudiante de Literatura. Formó círculos de estudio de Literatura junto a otros compañeros y se vinculó también con gente de cine, otra de sus pasiones.

       El 18 de julio de 1962 Perú padece uno de los tantos golpes de estado, desdichadamente tan comunes en el continente. Desde Cuba, el poeta dice: “es el destino momentáneo de América”, y también a su madre: “Vivo ahora en un país libre, y tú en un país explotado”.

       Escribió poemas en La Habana y en La Paz, bajo el nombre Rodrigo Machado, nombre de guerra utilizado en tanto militante del Ejercito de Liberación Nacional del Perú (ELN).

       En 1963 retornó al Perú desde La Paz, Bolivia para librar "la guerra contra el imperialismo" (Poema "Explicación"), ya como integrante del ELN.

       El 15 de mayo una bala perforó el cuerpo de Javier Heraud asesinándolo a los 21 años en medio del río Madre de Dios, frente a la ciudad de Puerto Maldonado. Ese día, un año antes, había escrito a su madre: "Recuerda tú, recuerden todos que mi cariño y mi amor crecerán siempre, que nada ni nadie nos podrá separar aunque estemos lejos, y que algún día nos reuniremos para cantar y llorar juntos, para abrazarnos y querernos más. Y que yo siempre seré el niño a quien tú tuviste en brazos aunque haya crecido por este tiempo que avanza y destroza los años, pero no los recuerdos".

Libros publicados

  • El Río, (1960) dentro de la Colección Cuadernos del Hontanar, luego llamado "Cuadernos de Javier Heraud" dirigida por Luis Alberto Ratto y Javier Sologuren.
     
  • El Viaje, (1961)

Premios y distinciones

  • Primer Premio en el concurso "El Poeta Joven del Perú", compartido con César Calvo, convocado por la revista Cuadernos Trimestrales de Poesía, de Trujillo, por su libro: El Viaje
     
  • Primer Premio de Poesía en los Juegos Florales convocados por la Federación Universitaria de San Marcos, por su poemario Estación Reunida (Póstumo).

      

 


Homenaje a Javier Heraud en Presencia Cultural (Primera parte)


PALABRAS PRELIMINARES
       Javier Heraud poeta pertenece a la estirpe de Bolívar y el Che Guevara: hombre de letras, tuvo que ser también hombre público. Su limpia voz juvenil (cantor de la vida, profeta de su muerte, leyenda viva en el Perú), su sarcasmo antiburgués y sus parábolas alimentan aún hoy una literatura americana que busca su identidad.

       La voz de orden era clara entonces: se estaba a favor o en contra de los pueblos oprimidos. En esos años duros, ricos y sin tregua, las crisis de conciencia y las reubicaciones ideológicas y estéticas eran numerosas, los temas se modificaban en un notorio (y no siempre consciente) propósito de echar raíces en territorio latinoamericano. El creador parte virtualmente de cero. Nuestra tradición sucedió prácticamente ayer y, en consecuencia, no podemos invocar los hechos de la víspera como arquetipos inamovibles, como valores definitivamente establecidos. Mientras que el escritor europeo tiene un amplio y seguro legado, debidamente fichado, analizado, bien condicionado, y está en inmejorables condiciones para efectuar referencias sumarias del mismo, su colega latinoamericano, en cambio, se encuentra en plena construcción de ese legado.
Cesar Calvo y Javier Heraud
       La personalidad humana de Javier Heraud no fue menos singular y atractiva que la artística. Testigo de un mundo injusto y desgarrado por la confusión, eleva su voz impregnada de amor y pureza hacia todo lo que le rodea: amigos, mar, ríos, naturaleza, patria, continente. Humanidad y contemplación. Aunque más tarde sienta que "Luego supiste que la vida es soledad entre los hombres y soledad entre los valles". Si no se puede cambiar la vida, si la vida no es encuentro, reunión, al menos que se advierta que eso es una injusticia, o que —al menos— podamos hacer nuestras las palabras de Javier:
“No deseo la victoria ni la muerte,
no deseo la derrota ni la vida,
sólo deseo el árbol y su sombra,
la vida con su muerte”
       Convertirse en lo que uno es. Eso es todo.
 

Lord Cheselin
 


 

Homenaje a Javier Heraud en Presencia Cultural (2da. y ultima parte)


Javier Heraud:
entre el fuego y la ternura

 

por Juan Cristóbal

 

Esbozo biográficoCesar Calvo y Javier Heraud

Tenía apenas 21 años, cuando un 15 de mayo de 1963 pasó a la inmortalidad, al ser acribillado, con balas que sirven para cazar animales, por la Guardia Civil, en un río de Puerto Maldonado, a pesar de haber estado agitando una bandera blanca desde una canoa, cuando había ingresado al Perú y deseaba iniciar la revolución, desde su militancia del Ejército de Liberación Nacional (ELN).

En él se dio la figura del hombre que lucha incansablemente por sus ideales y la del poeta admirado que ya había ofrecido un caudal de poemas admirables. Sus versos, a pesar de ser sencillos, eran hondos y gravitantes. Reflejaban inquietudes de los más profundos sentimientos, especialmente de justicia. A pesar de su juventud, la obra que nos legó sigue causando admiración y respeto, tanto por su ternura cuanto por su estilo acabado. Su poesía es límpida y transparente. Puede parecer simple, pero es grave y compleja. Los temas centrales de su poesía son: el río, el otoño, el hogar, la naturaleza, la muerte, que siempre la trata de una forma conmovedora, cercana y familiar. Son inolvidables esos versos: “Yo no le temo a la muerte / pero algún día / moriré entre pájaros y árboles”. Y asi fue como murió. Como la mataron.

Esa admirable madurez se explica por su constante preocupación de mantenerse en contacto con la literatura no solo peruana sino del mundo. Apreciaba la calidad, entre los peruanos, de Vallejo, Westphalen, como la de Neruda, Eluard, Keats, Shélley, Antonio Machado, entre otros.

Los pocos años que tenía no fueron obstáculo para su ingreso a la Universidad La Católica, en donde fue asistente de cátedra a los 17 años. Posteriorme, asumiría la responsabilidad de ser profesor de inglés en el colegio Guadalupe.

Los amigos lo recuerdan como un joven sencillo, bueno, con alma de niño, que sabía lo que significaba la amistad. Era alegre y juguetón, pero de carácter fuerte al que le indignaba la injusticia.

En 1960 ganó el primer premio, junto con César Calvo, en el concurso “El Poeta Joven del Perú”, convocado por la revista Cuadernos Trimestrales de Poesía, de Trujillo, dirigida por Oscar Corcuera.

El 20 de julio de 1961 viaja a Moscú, pasa a Asia, luego a Paris y Madrid. En 1962 se va a Cuba a estudiar cine.

En vida publicó “El río”, “El viaje”, Dejó poemarios inéditos como “Estación reunida”, “Poemas de la tierra”, “Viajes imaginarios”, “Poemas dispersos”. Su nombre de combate fue “Rodrigo Machado”.


 

El mensaje de Javier

Tal vez fue Lenin quien dijo, “En algunas épocas las mismas clases dominantes que asesinan a hombres que después pasan a tener un significado profundo de su patria, tratan de apoderarse de su memoria (como aves de rapiña) para confundir al pueblo haciéndose pasar como los realizadores de esos ideales por los cuales ofrendó su vida el combatiente”.

Y esto es lo que sucedió y sigue sucediendo con Javier, añadiendo además, para vergüenza de quienes lo hacen, que no solamente cometen la ignominia arriba mencionada de las clases opresoras, sino también entran en la conjura algunos compañeros de ideales y sueños. Por eso es importante rescatar a Javier y tantos otros héroes populares para que no aparezcan como los “románticos”, “los ingenuos”, “los aventureros” que abrazaron y abrazan “ideas extrañas”, porque eso es una farsa.

Es verdad que Javier fue un romántico (qué poeta, qué militante, qué guerrillero no lo es), un ingenuo (pero para decir, “del horizonte de uno al horizonte de todos”, como Paul Eluar), un aventurero (pero a la manera del Che, que exponía su vida por las ideas que enarbolaba). Pero de lo que se olvidan decir es que Javier fue un auténtico revolucionario, un hombre en toda la extensión de la palabra, que estuvo comprometido política e ideológicamente con la liberación definitiva de su patria, y no con meras reformas estructurales y nacionalistas.

Por eso, en los actuales momentos de nuestra vida política, el recuerdo y presencia de Javier adquiere un significado especial: persistir en la lucha por el auténtico socialismo, aun cuando sea desde las trincheras del desaliento o desesperanza. Porque lo que Javier y otros quisieron, no fue una bola menos pesada para el presidiario, ni una sociedad donde se maten (de hambre o de bala o se desaparezcan o destierren) obreros, campesinos, estudiantes, intelectuales comprometidos. ni que se renuncie a la inevitable lucha de clases.

El recuerdo y presencia de Javier debe servir para guiarnos a producir acciones unitarias a favor de las grandes mayorías, que conduzcan al socialismo y al internacionalismo de nuestra patria latinoamericana, amenazada por el neoliberalismo salvaje y sus siempre protervos adalides como Vargas Llosa.

Javier Heraud y Carmen Luz Bejarano, 1960

Addenda

Alguna vez testimonié en un semanario diciendo: “A Javier Heraud –los amigos cercanos y los otros- lo hemos traicionado. Su legado político lo hemos olvidado, lo hemos echado al tacho de basura. Nadie (a excepción de Edgardo Tello) ha seguido su generosidad y lealtad, su mirada al porvenir y su entrega. Porque todos los de la generación del 60 nos dedicamos a posar, a hablar, hacer recitales, manifiestos, pero no a entregarnos a la lucha concreta y definitiva. Fuimos como una especie de dandys de la palabra y del gesto”. Y puedo añadir ahora: “Y después (especialmente con los tiempos del fujimorato), muchos otros lo volvieron a traicionar, ya claudicando en su pensamiento, ya pasándose al enemigo”.

 

Por eso, la muerte de Javier, para nosotros los poetas e intelectuales que deseamos servir a la historia, debe ser el punto de partida y el compromiso permanente con las mejores causas populares. Debe ser el testimonio heroico de la teoría y de la práctica, desde el lugar que nos encontremos. La afirmación de nuestras esperanzas. Debemos, pues ratificar, de manera permanente, que los ideales de belleza y lucha no son excluyentes, sino están en la misma línea de combate y por encima de todo tipo de interés. Y eso lo advirtió premonitoriamente Javier cuando dijo: “No hay que elevar las promesas futuras, si a la hora de la lluvia sólo tendremos el sol y el trigo muerto”.

La historia, inflexible como siempre, le ha vuelto a dar la razón a Javier, nuestro mejor paradigma de poeta y revolucionario. Y nos ha vuelto a poner a nosotros en nuestro sitio. De donde sólo podremos salir si mostramos entrega y vitalidad. Como él, cuando murió.

Lima, 2006, jueves 18 de mayo, Escuela de Folklore “José María Arguedas”

 


Juan Cristóbal
juancristobal2001@yahoo.es
http://es.geocities.com/juancristobal2001

 


 
Martina Portocarrero canta a Javier Heraud


 

Breve comentario sobre la poesía de Javier Heraud
Un río (el río) antropomorfizado en un poema narrativo y dramático
 

Jorge Cornejo Polar
 

Para una lectura superficial o poco atenta la poesía de Heraud puede parecer extremadamente simple y desnuda casi por completo de artificios poéticos. Pero esa es una impresión engañosa que se desvanece a poco que una más morosa lectura permita un acercamiento más profundo y completo a la breve obra de este poeta (5 poemarios, menos de un centenar de poemas). Sorpréndenos entonces la tensa voluntad de estilo, la clara intención de técnica que se manifiestan no sólo en la cuidada construcción de cada libro o en la delicada arquitectura de cada poema, sino también en el uso seguramente deliberado de un variado repertorio de instrumentos antiguos y modernos del oficio literario.Javier Heraud

Precisamente por eso la vía del análisis de los procedimientos poéticos puede conducir en el caso de la obra de Heraud a un progresivo develar de sus más secretas estancias y a una bien orientada aproximación a las claves de su concepción del mundo y de su actitud ante la vida, especialmente si se la acompaña con un esclarecimiento de las principales líneas temáticas de la obra del poeta.

Tal es la empresa que este estudio pretende cumplir aunque —cierto es— en forma solamente parcial.
 

  • — Los Símbolos en la poesía de Heraud

Enseña Carlos Bousoño que la figura literaria llamada símbolo se da cuando el poeta pretende expresarpor medio de la referencia a un algo u objeto —que es el símbolo mismo— un otro mundo o territorio real —que es lo simbolizado—:. Lo más característico del símbolo viene a ser "lo difusamente que divisamos el territorio real guarecido tras él". Este mundo real al que el poeta alude sólo es determinable de modo genérico, no específico. El lector conoce el género de realidad que expresa el símbolo, pero no puede precisar con toda exactitud y certeza la especie a la que tal realidad pertenece. Así, explica Bousoño, en un poema de Unamuno en que se habla de un voraz buitre que devora las entrañas del poeta, este buitre es símbolo de ciertas angustias, inquietudes, problemas del poeta que desgarran y destrozan su espíritu.

Concebimos entonces "in genere" la realidad a que el símbolo se refiere —aquellas angustias, dolores, inquietudes— pero no alcanzamos a descubrir su exacta naturaleza. Este es el caso general de funcionamiento del símbolo, es decir el llamado símbolo monosémico. Pero hay también otra clase de símbolo —más complejo y de mayor riqueza expresiva— a la que Bousoño denomina símbolo bisémico. Consiste en que cuando el poeta recurre a un objeto para por medio de él simbolizar algo, utiliza tal objeto no sólo como instrumento o medio de expresar otra realidad que se esconde tras él, sino que simultáneamente se refiere a dicho objeto en su significación propia. Así es un poema de Machado en que se describe un estanque de oscuras, mortecinas aguas, hay símbolo puesto que por medio de tal descripción el poeta quiere mentar sentimientos de tristeza y amargura simbolizados en el agua muerta del estanque, pero es símbolo bisémico porque a la vez el poeta está pintando en realidad a un estanque y a sus aguas, con tales o cuales características. El objeto escogido cumple, pues, una doble función, está al servicio de la bisemia del símbolo.

En la poesía de Javier Heraud creo descubrir como una de sus más significativas constantes la tendencia a la figuración simbólica plasmada fundamentalmente en tres direcciones: el viaje, el río, el otoño.

A) Un símbolo bisémico: el otoño.......................................................................

B) El río: símbolo monosémico..............................................................

Si en el caso del otoño, la filiación literaria de la figura parece razonablemente clara: se trata básicamente de un símbolo, no ocurre lo mismo con el río —otra de las constantes de la obra de Heraud— que a ratos se ofrece como una visión pero más generalmente y más fundamentalmente como un símbolo, esta vez del tipo monosémico.

De pie-José Hidalgo, César Calvo, Ricardo Espinoza, Marco Antonio Corcuera, Arturo Corcuera, Javier Heraud, Livio Gómez, Mario Razetto. Sentados-Wilfredo Ortega Torres, Carmen Luz Bejarano, Carmen Izaguirre y Antonio Osores
De pie-José Hidalgo, César Calvo, Ricardo Espinoza, Marco Antonio Corcuera, Arturo Corcuera, Javier Heraud, Livio Gómez, Mario Razetto. Sentados-Wilfredo Ortega Torres, Carmen Luz Bejarano, Carmen Izaguirre y Antonio Osores



Visión es, siguiendo siempre la lección de Bousoño, "la atribución de cualidades irreales a un objeto" y en ese sentido cuando Heraud se asigna claramente las características de un río estaría, pues, plasmando una visión. Pero la dualidad poeta-río considerada como un conjunto es evidentemente un símbolo de la vida, principalmente y también del cosmos, la humanidad y la creación artística. Este complejo recurso poético —una figura en dos tiempos en realidad— se da en "El Río", el primer libro que publicara Heraud.

Son nueve estrofas que en este caso significan nueve etapas en la elaboración de un amplio edificio de imaginación o si se prefiere nueve enfoques distintos hacia un solo punto.

En la primera son la violencia de la corriente del río, el duro golpear de sus aguas, los pilares en que se sienta la composición: "voy bajando por las piedras / voy bajando por las rocas duras... / bajo cada vez más / furiosamente / más violentamente". Esta primera estrofa es también una muestra de cómo dentro de la arquitectura general del poema El Río simbólica y visionaria, Heraud despliega otros recursos técnicos de alcance más restringido pero de similar eficacia expresiva. Tal el caso de los encabalgamientos que suceden (en esta y en las siguientes partes del poema) cumpliendo la función que les es habitual: reforzamiento de la expresividad de la parte final del verso, el fragmento encabalgado. Asi en: "bajo cada vez más / furiosamente" donde es este último contenido el que resulta realzado.

La segunda sección se contrapone a la primera porque aquí la incidencia es sobre la ternura, la delicadeza, la generosidad. Desde el comienzo estas connotaciones se muestran: "soy un río cristalino", para continuar después: A veces soy / tierno y / bondadoso. / Me deslizo suavemente / ...doy de beber miles de veces / al ganado, a la gente dócil...". (Repárese en el encabalgamiento usado nuevamente con profusión).

El tercer paso marca un retorno a la fuerza esta vez desatada, a la rudeza: "pero a veces soy / bravo / y fuerte / pero a veces / no respeto ni / a la vida ni a la / muerte... bajo con furia y con / rencor... golpeo contra las piedras más y más / las hago una a una pedazos interminables...". "...Los animales huyen, huyen huyendo (típica reiteración, muy usada también por Heraud) cuando inundo casas y pastos, las puertas y sus corazones, los cuerpos y sus corazones".

Homenaje en la Universidad San Cristobal de Huamanga, Ayacucho. 1966.

En su primera mitad la cuarta etapa es como una ampliación sumamente sugestiva de lo anterior: "Y es aquí cuando / más me precipito / cuando puedo llegar a los corazones / cuando puedo / cogerlos por la / sangre / cuando puedo / mirarlos desde adentro". La conclusión es por el contrario un retorno a la tranquilidad: "Y mi furia se torna apacible". Hay en estas cuatro primeras estrofas un alternado juego de fuerza y violencia (I y III) y tranquilidad y suavidad (II y IV) que testimonia una vez más la voluntad de arquitectura del poeta.

La quinta parte habla del "río eterno de la dicha" a la parte que parece prefigurar el final del recorrido allá junto al mar: "ya siento las brisas cercanas, ya siento el viento en mis mejillas...".

La alusión a la vida a través del símbolo río se hace bastante clara en la estrofa sexta, especialmente en sus versos impares que conforman una construcción de tipo anafórico y se refieren al río que viaja por las riberas, orillas, pastos, calles, montes, casas y al fin "dentro de los hombres". Los versos impares son una típica "enumeración caótica": árbol, piedra, puerta, flor, mesa, silla, corazón, etc.

La mención de la función poética parece entreverse en la última estrofa: "Yo soy el río que canta / al mediodía y a los / hombres / que canta ante sus tumbas / y el que vuelve su rostro / ante los cauces sagrados".
La breve estrofa octava es una reiteración en la descripción del recorrido del río: baja por las quebradas, los pueblos, las ciudades, las praderas.

La estancia final representa el momento de más alta calidad poética de la obra toda. Es un delicado ejercicio de composición poética en el que la referencia al destino final de los ríos —ir a confundirse con el mar— sirve de instrumento para expresar algo mucho más profundo —el final destino de la vida de los hombres en general y del poeta en particular —la muerte—. Pocas veces se hallará una tan bella y delicada manera de decir lo inevitable de la muerte (llegará la hora... el día llegará), consumación que para el poeta es sobretodo el acallarse de su canto ("tendré que / silenciar mi canto / luminoso...") y el dejar de ver su mundo ("no veré más mis campos... mis árboles... mi viento", etc.). Al fin todo se disolverá en una llanura de agua, todo se confundirá en una nueva realidad. La palabra antigua de Jorge Manrique —"Nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar que es el morir"— parece resonar, sabiamente asimilada, en estos versos.

C) El símbolo del viaje


En la trilogía simbólica de Heraud, el viaje cumple también un rol importante. Aquí el símbolo viaje se parte en varias secciones, de las cuales unas, aquellas en que no se alude a ningún viaje son evidentemente símbolo monosémico, mientras que otras, aquellas en que aparte de la intención simbólica hay referencia a un efectivo viajar, pertenecen a la categoría de símbolo bisémico. El viaje es un símbolo que no se halla concentrado en una sola de las composiciones o de los poemarios de Heraud sino que aparece y reaparece en distintos momentos de sus obras; no obstante, la figuración se da con especial insistencia en los poemarios "El Viaje" y "Viajes imaginarios".......................................................
Javier Heraud

Por lo pronto es curioso advertir que los tres símbolos fundamentales de la poesía de Heraud están expresados en distinto tiempo verbal. Así el río está en presente: "Yo soy el río..."; el otoño, se alza en el futuro: "Estamos en espera del otoño..."; y el viaje alude al pasado. Dentro de esta coordenada temporal el viaje parece significar en varias ocasiones simplemente el sueño durante el cual se recorre comarcas y paisajes sin fin, pero en otros casos y más profundamente el viaje alude a una experiencia interior, quizás a una crisis radical acaecida al poeta en alguna ocasión.
Porque el viaje en Heraud expresa fundamentalmente un deseo hondo de descanso, de un descanso que podría significar superación de conflictos íntimos, tranquilidad, ausencia de angustias; pero un descanso así no ha sido logrado en el transcurso del año en que Heraud ha "viajado" es decir ha intentado descansar. Se produce entonces ese entrecruzamiento entre dos "entidades fundamentales, el año y el descanso, cuya intensidad varía y cuyos significados se entrecruzan formando la trama interior que sostiene los versos", como lo ha visto y expresado lúcidamente Washington Delgado.
 

  • II —Un tema en la poesía de Heraud: La muerte

La muerte no es solo un motivo dentro de la poesía de Heraud, es más bien uno de sus leit motivs. Una extraña y conmovedora familiaridad con la muerte y un continuo referirse a ella se dan, en efecto, a todo lo largo de la obra poética, en la cual en una y otra ocasión, dentro de unos y otros contextos, la tercera presencia de la muerte es un hito fundamental.

La certidumbre de que cada hombre lleva dentro de sí su propia muerte (que recuerda claramente a Rilke) parece inspirar las consideraciones del joven poeta.......................................................................

"Por qué tocamos con nuestras ineptas manos a la poesía, si no sabemos nada de su misterio" se preguntaba angustiado el maestro español Dámaso Alonso, confesando que la estilística y la ciencia literaria permanecerán por mucho tiempo aún a "orillas del misterio" de la creación poética. Y si esto es cierto de cualquier tipo de poesía, con mayor razón lo es de ésta en que oscuramente se ha dado una suerte de adivinación, se ha intuído en alguna manera lo futuro. Vallejo anunciando tristemente "me moriré en París con aguacero...", Salazar Bondy escribiendo su "Testamento Ológrafo", Heraud prediciendo su muerte entre árboles y pájaros, son tres casos —los más cercanos a nosotros—en que este misterio ha florecido.

Es en todo caso admirable la hondura y a la vez la sencillez y el alto tono humano con que el tema de la muerte —difícil siempre— está tratado en la poesía de Heraud. Alejado por igual de la lamentación sentimental, del exceso retórico y de la tentación filosófica o moralizante, su obra es en este sentido a la vez conciencia vigilante y alerta de que la muerte es rasgo sustancial de la condición humana y hermosa expresión verbal de tal sentida convicción.

 


 



 
La Muerte de Javier Heraud


 

Dolor y esperanza de Javier Heraud

 

Semblanza

Javier Heraud (1942-1963) es un poeta emblemático de los años sesenta. Su libro El río (1960) apareció como las verdaderas novedades literarias, sin hacer ostentación de su condición; el poeta tomaba ese símbolo de la tradición filosófica y literaria que pertenece a lo que llama la lógica paradójica, según la cual las palabras estrictamente verdaderas, parecen justamente paradójicas. El río de Heraud es cristalino en la mañana y luego baja con furia y rencor. El poeta continúa la tradición de Jorge Manrique, poeta español del siglo XV, que compara nuestras vidas con los ríos, seguida por Antonio Machado, quien dijo que la vida es como un ancho río y por T. Eliot, que compara al río con un Dios pardo, adusto, indómito, intratable.

La novedad perceptible del libro es el contenido dramático que Heraud confiere al viejo símbolo. La voz que escribe se trasmuta en río y, aparentemente con el mismo capricho con que las aguas bajan de las alturas, va alineando los versos cuidadosamente libres, anunciando las cualidades contradictorias de las que el río viene poseído.

		Yo soy un río,
		voy bajando por
		las piedras anchas,
		voy bajando por
		las rocas duras,
		por el sendero
		dibujado por el
		viento.

Javier Heraud en Moscú. 1961. Al final el río habla de la necesidad de mezclar sus aguas limpias con las turbias del mar, de silenciar su canto, de tener que abandonar mucho de lo querido, campos fértiles, nuevas aguas luminosas, nuevas aguas apagadas. Heraud trae en ese pequeño texto una frescura personalísima, un modo de hacer poesía transformador de los símbolos tradicionales. En ese mismo año de 1960 Heraud ganó un importante premio para escritores jóvenes. Con su libro El viaje compartió con César Calvo los lauros del concurso "Poeta joven del Perú" convocado en Trujillo por la revista Cuadernos trimestrales de poesía. El libro apareció en 1961 y fue el último que alcanzó a ver a Javier Heraud. En esta ocasión el poeta asume su "yo personal"; sigue atraído por los elementos naturales, el mar, las vertientes, pero el transfondo es el de un hombre madurando a trancos, fatigado prematuramente, que va a encontrarse con los suyos para cumplir involuntariamente con el rito de la despedida. Unos de los poemas más hermosos por su hermosa factura y su honda nostalgia es Mi casa muerta. El éxito de sus dos primeros libros fue para Heraud un viaje rápido, un partir sin despedirse "porque en su corazón no cabían más flores" como lo dijo en uno de sus textos. Heraud no tuvo mucho tiempo para corregir sus poemas posteriores. Sabemos sí por su Arte poética, que concebía a la poesía como trabajo de alfarero, arcilla que se cuece entre las manos, arcilla que modelan fuegos rápidos.


Por Marco Martos


 

 
POEMA EL RIO INTERPRETADO POR UN ALUNMO
DEL COLEGIO "JAVIER HERAUD"
DE CENTRO POBLADO DE CUSI
EN LA PROVINCIA DE YAUYOS - LIMA

 


Restos del poeta Javier Heraud ya descansan en Lima

 

     El recordado poeta peruano Javier Heraud ya descansa en Lima, luego que sus restos fueron trasladados desde la ciudad de Puerto Maldonado para cumplir un deseo de sus familiares más cercanos. En una discreta ceremonia privada,  se leyeron sus poemas y se recordó pasajes de su vida que se extinguió bajo las balas de las fuerzas del orden hace 45 años.
 

“Quisiera descansar todo un año y volver mis ojos al mar/ y contemplar el río crecer y crecer como un cauce/ como una enorme herida abierta en mi pecho”, fue uno de los versos del poema, El Viaje (1961), que leyó emocionada su hermana Cecilia Heraud durante el sepelio.

Heraund se unió a las guerillas y murió el 15 de mayo de 1963 a los 21 años en un enfrentamiento con las fuerzas del orden, en un paraje de Puerto Maldonado, fueron trasladados en las últimas horas a Lima desde esa ciudad. Heraud Pérez estuvo enterrado por 45 años en el cementerio “Los Pioneros” de Puerto Maldonado.

“Se ha cumplido el deseo de mi madre, porque ella quería que los restos de Javier estén al lado de mi padre Jorge”, dijo la hermana de Javier, con emotivas palabras durante el sepelio.

Los restos de Heraud fueron previamente incinerados en el cementerio los Jardines de la Paz, y sepultados en el sector de Los Algarrobos, donde recibió el adiós de sus familiares, en dicha ceremonia. La  madre del poeta, Victoria Pérez, de 96 años de edad, no pudo acompañar el cortejo fúnebre debido a su avanzada edad, refirió Cecilia.

Tomado de: http://www.periodismoenlinea.org/20080502913/Desde-Peru/Restos-del-poeta-Javier-Heraud-ya-descansan-en-Lima.html


Javier Heraud descansa en Lima

La página cultural de La República (así como El Peruano y la edición web de El Comercio) informa hoy, a través de un cable de Andina, que "en una ceremonia privada, en la que participaron solo familiares, se sepultaron ayer los restos mortales de Javier Heraud en Los Jardines de la Paz, de La Molina, en Lima". La madre de Heraud, Victoria Pérez, de 96 años de edad, no pudo estar presente en el cortejo, pero sí asistieron sus hermanos Jorge, Victoria, Gustavo y Cecilia, quien leyó "El deseo" ("Quisiera descansar todo un año y volver mis ojos al mar / y contemplar el río crecer y crecer como un cauce / como una enorme herida abierta en mi pecho"), poema incluido en su segundo libro El viaje (1961). Heraud fue "acribillado por las fuerzas del orden" en Puerto Maldonado hace 45 años (específicamente un 15 de mayo) y desde entonces estuvo enterrado en dicho lugar. Este retorno póstumo de Heraud a su ciudad de nacimiento coincide con la discusión nacional suscitada en torno al MRTA. Menciono esto porque recuerdo que a propósito del tema César Hildebrandt se preguntó la semana pasada en su columna de La Primera si "¿fue Javier Heraud un terrorista porque murió con un arma a la mano?"; una pregunta formulada en el contexto del encierro carcelario de Melissa Patiño. Una de las respuestas a esa pregunta puede encontrarse en la mención que hace Rocío Silva Santisteban en su post de ayer viernes al hecho de que "la[s] diferencia[s] entre grupo guerrillero y un grupo terrorista [...] están establecidas en documentos internacionales". Precisamente aparece hoy en Babelia de El País el artículo "Réquiem por el guerrillero bueno", escrito por Santiago Roncagliolo, en el que ofrece una idea de cómo son descritos los guerrilleros en la novelística latinoamericana actual. Y respecto a descripciones, con relación a la "Muerte de Javier [Heraud]" resulta apropiado consultar el testimonio reciente de su compañero generacional Rodolfo Hinostroza. "Cayó como una bomba. A Javier lo habían matado el 15 de mayo, con una bala dum-dum cuando ingresaba al Perú clandestinamente por el departamento de Madre de Dios, con un grupo de guerrilleros armados", cuenta el autor de Consejero del lobo, quien a su vez expresa que "la muerte de Javier marcó a mi generación al rojo vivo, y convirtió al poeta en un símbolo". Véase también un reportaje de Marco Sifuentes "emitido en Canal N por el cuadragésimo aniversario de la muerte del poeta guerrillero", así como la columna de hoy en La Primera de, nuevamente, César Hildebrandt: "Javier Heraud desenterrado".

http://zonadenoticias.blogspot.com/2008/05/javier-heraud-descansa-en-lima.html


Javier por siempre

La tumba del Poeta. Frontera con Bolivia.
Puerto Maldonado. Perú.

      El doctor Jorge A. Heraud Cricet envió una carta a Pedro Beltrán, director de La Prensa (23 de mayo de 1963), para protestar por la forma como mataron a su hijo, el poeta Javier Heraud.

     Javier Heraud descansa en un cementerio de Lima. No se ha cumplido el deseo de los pobladores de Puerto Maldonado, que se quedaría para siempre, debido a que se convirtió en parte de la memoria colectiva. Se trata de una decisión familiar y es preciso respetarla. Pero también es necesario que las nuevas generaciones conozcan la forma como actuó el padre del poeta, el doctor Jorge A. Heraud Cricet, frente a un horrendo hecho que sacudió al Perú desde raíces.

     Al conocerse el crimen del poeta (Lima 1942-Puerto Maldonado 1963), el doctor Jorge A. Heraud Cricet decidió viajar a Puerto Maldonado, a fin de conocer la verdad de los hechos. Allí pidió que le practicaran una autopsia para tener la certeza respecto a sus informaciones. Pero un médico amigo lo persuadió para que guardara la dulce imagen de su hijo.

     Después de recoger varios testimonios, el doctor Jorge A. Heraud Cricet tuvo la valentía de rectificar a La Prensa que, había lanzado acusaciones y mentiras contra el poeta. Es por esa razón que en una parte de su carta escribió: “Allí tuve la trágica certidumbre de la muerte de Javier. Pero mi pena, con ser insondable, se ha agrandado más aún al saber que mi hijo, que había ido allá urgido por un ideal, arrostrando los más graves peligros con el absoluto desinterés, había sido víctima de una cacería humana. Cuando, inerme en una canoa de tronco de árbol, desnudo y sin armas en medio del río Madre Dios, a la deriva, sin remos, mi hijo pudo ser detenido sin necesidad de disparos. Más aún por cuanto, su compañero, había enarbolado un trapo blanco. No obstante eso, la policía y los civiles a quienes se azuzó le disparaban sobre seguro, desde lo alto del río, durante hora y media, inclusive con balas de cacería de fieras”.

    Ningún policía ni civil que disparó contra el exánime cuerpo de Heraud fue sancionado y, menos por haber usado balas dun dun, prohibidas en las guerras más letales. Sin embargo, uno de ellos vive en Puerto Maldonado, transformado en un ser huidizo, tímido y huraño. Quienes lo conocen de cerca, dicen que en sus sueños escucha los disparos y la voz del poeta.

Los restos de Javier Heraud fueron enterrados en el sector Los Algarrobos, Cementerio Jardines de la Paz. Allí se realizó una ceremonia a la asistieron solo sus familiares.

 


Poemas de  Javier Heraud


 

- ÍNDICE -

El Río
Una piedra
Solo
Mi casa
Unas cosas
El viaje del descanso
El deseo
El poema
Recuento del año
Las estaciones
Poema
Invierno
Primavera
Verano
Otoño
Mi casa muerta
Yo no me río de la muerte
Epílogo

 

El Río


                 1

 
    Yo soy un río,
    voy bajando por
    las piedras anchas,
    voy bajando por
    las rocas duras,
    por el sendero
    dibujado por el
    viento.
    Hay árboles a mi
    alrededor sombreados
    por la lluvia.
    Yo soy un río,
    bajo cada vez más
    furiosamente,
    más violentamente
    bajo
    cada vez que un
    puente me refleja
    en sus arcos.

                    2

    Yo soy un río
    un río
    un río
    cristalino en la
    mañana.
    A veces soy
    tierno y
    bondadoso. Me
    deslizo suavemente
    por los valles fértiles,
    doy de beber miles de veces
    al ganado, a la gente dócil.
    Los niños se me acercan de
    día,
    y
    de noche trémulos amantes
    apoyan sus ojos en los míos,
    y hunden sus brazos
    en la oscura claridad
    de mis aguas fantasmales.

                      3

    Yo soy el río.
    Pero a veces soy
    bravo
    y
    fuerte
    pero a veces
    no respeto ni a
    la vida ni a la
    muerte.
    Bajo por las
    atropelladas cascadas,
    bajo con furia y con
    rencor,
    golpeo contra las
    piedras más y más,
    las hago una
    a una pedazos
    interminables.
    Los animales
    huyen,
    huyen huyendo
    cuando me desbordo
    por los campos,
    cuando siembro de
    piedras pequeñas las
    laderas,
    cuando
    inundo
    las casas y los pastos,
    cuando
    inundo
    las puertas y sus
    corazones,
    los cuerpos y
    sus
    corazones.

                  4

    Y es aquí cuando
    más me precipito
    Cuando puedo llegar
    a
    los corazones,
    cuando puedo
    cogerlos por la
    sangre,
    cuando puedo
    mirarlos desde
    adentro.
    Y mi furia se
    torna apacible,
    y me vuelvo
    árbol,
    y me estanco
    como un  árbol,
    y me silencio
    como una piedra,
    y callo como una
    rosa sin espinas.

                     5

    Yo soy un río.
    Yo soy el río
    eterno de la
    dicha. Ya siento
    las brisas cercanas,
    ya siento el viento
    en mis mejillas,
    y mi viaje a través
    de montes, ríos,
    lagos y praderas
    se torna inacabable.

                          6

    Yo soy el río que viaja en las riberas,
        árbol o piedra seca
    Yo soy el río que viaja en las orillas,
       puerta o corazón abierto
    Yo soy el río que viaja por los pastos,
       flor o rosa cortada
    Yo soy el río que viaja por las calles,
       tierra o cielo mojado
    Yo soy el río que viaja por los montes,
       roca o sal quemada
    Yo soy el río que viaja por las casas,
       mesa o silla colgada
    Yo soy el río que viaja dentro de los hombres,
        árbol  fruta
        rosa   piedra
        mesa corazón
        corazón y puerta
        retornados,

                        7

    Yo soy el río que canta
    al mediodía y a los
    hombres,
    que canta ante sus
    tumbas,
    el que vuelve su rostro
    ante los cauces sagrados.

                        8

    Yo soy el río anochecido.
    Ya bajo por las hondas
    quebradas,
    por los ignotos pueblos
    olvidados,
    por las ciudades
    atestadas de público
    en las vitrinas.
    Yo soy el río
    ya voy por las praderas,
    hay árboles a mi alrededor
    cubiertos de palomas,
    los árboles cantan con
    el río,
    los árboles cantan
    con mi corazón de pájaro,
    los ríos cantan con mis
    brazos.

                        9

    Llegará la hora
    en que tendré que
    desembocar en los
    océanos,
    que mezclar mis
    aguas limpias con sus
    aguas turbias,
    que tendré que
    silenciar mi canto
    luminoso,
    que tendré que acallar
    mis gritos furiosos al
    alba de todos los días,
    que clarear mis ojos
    con el mar.
    El día llegará,
    y en los mares inmensos
    no veré más mis campos
    fértiles,
    no veré mis árboles
    verdes,
    mi viento cercano,
    mi cielo claro,
    mi lago oscuro,
    mi sol,
    mis nubes,
    ni veré nada,
    nada,
    únicamente el
    cielo azul,
    inmenso,
    y
    todo se disolverá en
    una llanura de agua,
    en donde un canto o un poema más
    sólo serán ríos pequeños que bajan,
    ríos caudalosos que bajan a juntarse
    en mis nuevas aguas luminosas,
    en mis nuevas
    aguas
    apagadas.

                      Del poemario: "El Río". Lima. 1960.
 
 


         Una  Piedra

     Piedra fría,
     solenme piedra
     ¡si pudieras hablar
     en mi costado,
     si pudieras cantar en
     tu vertiente!
     Si desembocaras en un
     ancho río,
     Y trajeras la paz al
     mundo entero,
     al cantarte en tus
     aguas destiladas,
     alma serías en mi
     frente oscura,
     brazo serías
     de mi antigua
     cabellera.

                  Del poemario: " El Río". 1960. Lima.
 


      solo

     En las montañas o el mar
     sentirme solo, aire, viento,
     árbol, cosecha estéril.
     Sonrisa, rostro, cielo y
     silencio, en el Sur, o en
     el Este, o en el nacimiento
     de un nuevo río.
     Lluvia, viento, frío
     y azota.
     Costa, relámpago, esperanza,
     en las montañas o en el
     mar.
     Solo, solo,
     sólo tu sola risa,
     sólo mi solo espíritu,
     solo
     mi soledad
     y
     su
     silencio.

                   Del poemario: "El Río". Lima. 1960.
 


    mi casa

    1

    Mi cuarto es una
    manzana,
    con sus
    libros,
    con su
    cáscara,
    con su cama
    tierna para
    la noche dura.
    Mi cuarto es el
    de todos
    es decir,
    con su
    lamparín que
    me permite reir
    al lado de Vallejo,
    que me permite ver
    la luz eterna de
    Neruda.
    Mi cuarto, en
    fin,
    es una
    manzana,
    con sus libros,
    sus papeles,
    conmigo,
    con su
    coraazón.

            2

    Por mi ventana nace
    el sol casi todas
    las mañanas.
    Y en mi cara,
    en mis manos,
    en el dulce
    clamor de la luz pura,
    abro mis ojos entre la
    noche muerta,
    entre la tierna
    esperanza de
    quedar vivo un
    día más,
    un nuevo día,
    para
    abrir los
    ojos ante la
    luz eterna.

                    Del poemario: "El Río". Lima. 1960.
 
 


    Unas cosas

    Mariposas, árboles
    calles angostas y
    venideras, ¡cómo decirles
    que a la hora del crespúsculo
    sus ramas vivideras volverán
    a crujir en la tormenta!
    Si en la noche
    remontaran el más ancho río,
    ¡cómo negarles su candor
    sangriento,
    su pecho claro
    esclarecido!
    Mariposas, árboles en la
    tormenta, en el río claro
    merced vuestras alas al
    ruidoso viento
    que entre los dos saldrá
    la madrugada.

                  Del poemario: "El Río". Lima. 1960.

 


        El viaje del descanso


      El deseo

   Qusiera descansar
    todo un año
    y volver mis ojos
    al mar,
    y contemplar el río
    crecer y crecer
    como un cauce,
    como una enorme
    herida abierta
    en mi pecho.
    Levantarme,
    sentarme,
    recostarme en
    las vertientes
    o
    en las orillas
    de los mares,
    recostarme en
    las crecientes,
    acomodarme
    suavemente en
    las aguas
    o
    en
    los
    manantiales.
 
 


 

        el poema

                 1

    He dormido todo
    un año,
    o tal vez he muerto
    sólo un tiempo,
    no lo sé.
    Pero sé que un año
    he estado ausente,
    sé que un año he
    descansado,
    sé que en ese tiempo
    las moras y las frutas
    secaban sus raíces
    triturándolas
    de sabor y regocijo.
    Yo descansé
    en la sierra,
    y felizmente mi
    corazón no se secó
    con la humedad
    del llanto,
    no sollozó,
    no reclamó tristezas
    pasadas.
    Todo sucedía como
    siempre:
    y yo descansaba
    descansando,
    los trenes aún pesaban sus rieles,
    los barcos naufragaban
    tarde y anoche,
    muchos peces
    agotábanse en el mar.

             2

    Pero ya estoy aquí.
    He vuelto sin embargo,
    con un raro sabor
    a tierra amarga,
    muchos sufrimientos
    tenía acumulados
    y es difícil olvidar
    en un año.
    Es difícil dejar
    todo abandonado,
    un año es siempre
    un año y nunca es suficiente.
    Es difícil dejar todo,
    pálidos arbustos
    cubren el corazón
    de odio,
    y arrancar es siempre
    dejar algo,
    un hueco,
    una raíz fina;
    el aliento
    del odio incansablemente
    habita
    en el corazón
    y en el sueño.

          3

    Hoy he vuelto
    mis caminos.
    Partí hace ya
    un año.
    Todo  podría negarlo
    ahora:
    no sé si he nacido,
    no sé si he leído
    alguna vez un libro.
    Habre tal vez hojeado
    un verso de Salinas
    que hoy quiero olvidar.
    Un año nunca es suficiente
    cuando se desea el descanso.
    Si he nacido
    es porque he de acabar
    con mis huesos
    en el mar:
    (el mar lo lava todo,
    el mar cubre
    las hierbas y los pastos,
    él llena los corazones
    de sal y de tinieblas).
    Pero yo acaso ya he muerto,
    un año es siempre un año,
    realmente no he
    descansado nada,
    ¿o es que quiero
    volver a recostarme
    en el lecho
    del descanso, en donde
    en sueños escuchaba
    el rumor
    de las vertientes
    del otoño?

    4

    He vuelto ya.
    Mamá, papá,
    he vuelto.
    Hermanos,
    aquí estoy
    como antes,
    cantando en
    las noches
    del invierno,
    con mi seco
    corazón
    de pan y piedra.
    Gustavo, tú
    has crecido.
    ¿Y ya no cuentas
    con los dedos,
    y ya no lees
    letra a letra,
    y ya no sueñas
    con los tigres
    y elefantes?
    Es cierto, padres,
    hermanos,
    aquí estoy.
    No sé‚ si he descansado,
    y es que en el camino
    encontré‚ un sauce que
    reía con el viento y
    con mis pasos,
    que reía con
    los dientes y las ramas,
    que reía de todo
    como un niño,
    y esto me ha
    hecho dudar.

    5

    He estado un largo
    año tendido en
    la hierba del olvido,
    cubierto por
    las hojas del amor y
    del otoño.
    Ya he descansado
    un poco, lo confieso,
    yo partí sin despedirme,
    pero es que en mi corazón
    no cabían ya mis flores,
    en mi corazón no entraba
    ya el duro secreto de la vida.

    6

    He vuelto lentamente
    ( Un poco de sueño
    es siempre necesario
    aunque sea corto como
    el silencio de las
    enredaderas).
    Por cada pueblo que pasaba
    de regreso,
    veía que sus puertas
    estaban abiertas
    para mí,
    que sus techos eran míos,
    que sus campos,
    sus oídos,
    todo me pertenecía.
    Yo caminaba y
    caminaba,
    no miraba atrás
    hacia mi lecho de hojas,
    un año es suficiente
    me decía,
    no es necesario morir
    mas si es que queremos
    abrir los brazos y decir:
    "hasta mañana, gracias,
    nada ha sucedido,
    y estoy como siempre
    entre los ríos,
    y estoy como nunca
    entre las piedras".
    Y seguía caminando,
    pensando en el pan
    caliente de la casa,
    saboreando el arroz
    preparado por mi madre,
    sintiendo a mi
    cama
    con
    sus
    sábanas
    felices.

                   7

    El canto de los
    ríos
    acompañaba a mis
    pies
    de tibio caminante,
    el río
    cantaba con mis brazos,
    en él
    yo miraba a la muerte y a
    la vida.
    Pero uno está siempre
    compuesto
    de un. trozo de muerte y de
    camino,
    y uno siempre es río,
    o canto,
    o lágrima cubierta.
 

                            8

    He vuelto. Dormí un
    largo año, descansé‚
    y estuve muerto, pero
    gocé de abril
    y de las flores blancas.

                             9

    Hoy he regresado por
    los campos,
    a ratos corriendo
    sofocado,
    a ratos descansando
    nuevamente al pie
    de un  árbol de
    hojas castañas.
    El sol arriba,
    (como siempre),
    entonando estruendosas
    canciones de triunfo
    o desafiándome a correr
    por todo el campo.
    Me detuve
    en las vertientes,
    hundía mis brazos
    en sus aguas,
    conversaba
    refrescando
    la cabeza.
    Y me vi de nuevo
    reflejado en
    el mar y aquí dudé
    de nuevo:
    yo no he sabido nada,
    todo un año he viajado
    por los pueblos
   de los sueños.
    no sé si soy tan sólo
    un muerto que golpea
    su cajón de asfixiado,
    no sé si en un pedazo
    de té pudiese recordar
    toda una vida perdida,
    pero sé que he estado
    dormido:
    un año es un siglo
    cuando es un año
    de sueños y de olvidos.

               10

    No me reprochen nada
    si he estado ausente
    todo un largo racimo
    de días apretados,
    es porque supuse
    que nunca se puede
    vivir tanto,
    mis manos ya eran
    manos sólo para
    el clamor y el refugio.
    Yo construía mis
    grutas con mis ojos,
    y las uñas no existían
    para el pan ni para
    el trigo.
    Nunca sabré‚ si he
    descansado,
    saber no es suficiente,
    un año es siempre un año,
    pero sé que he dormido,
    y allí donde dormía
    las flores cubrían
    mi cabeza,
    y no me preocupaba
    ni del río ni del valle,
    ni del mar ni las arenas.
    Hoy vuelvo,
    hoy retorno
    después de un año,
    después de un año
    de descanso o
    de perenne viaje
    hacia la vida.
    Pero el viaje
    del descanso,
    o el viaje sin descanso,
    o el viaje y el descanso,
    todo es un alivio para
    mis ojos muertos.
    Hoy regreso con la duda
    y la palabra,
    hoy retorno con
    la dicha en la garganta,
    sin descanso o con descanso,
    pero sin nuevos sueños.
    Sin un nuevo suño
    que me obligue a
    retornar a mi lecho
    de hierbas y de flores,
    sin un nuevo y largo
    sueño,
    podré construir
    nuevas palabras,
    tal vez sonreiré
    con cara alegre,
    alguna vez saludaré
    a la vida,
    y esperaré
    a la muerte alegremente,
    con mi seco corazón.
 
 


 


 

    Recuento del Año

     Una vez terminado
     el año,
     procedo a recoger
     mis cosas nuevas,
     procedo a reclamar
     papeles viejos,
     hago al compás
     de charlas amistosas
     el recuento del año,
     el recuento de mis
     365 días pasados:
     todo se fue
     rápidamente,
     no hubo tiempo
     para la cosecha,
     ni  para
     sembrar el trigo
     en los maizales.
     Los días volaron
     raudamente,
     estuve sentado,
     leyendo,
     o alguna vez
     escribiendo
     hasta la noche.
     No tuve miedo
     de la muerte,
     no pude sembrar
     el amor como
     quería,
     recogí algunas
     frutas caídas
     y supuse que
     al final moriría
     alguna tarde
     entre pájaros
     y  árboles.

     No estoy muerto.
     sin embargo,
     entre tarde y tarde
     cuando vibran
     los soplos
     del silencio,
     abro mi corazón
     al conjuro
     del viento
     y la palabra,
     y construyo
     casas,
     tierras,
     mares,
     nuevos albores,
     nuevas tristezas,
     y callo al final

          (como siempre
          recordando y
          recordando).
 
 


        Las Estaciones


    poema

    Oscuro es el tiempo y leves
    las sonrisas de los días.
    El día asume su palidez
    de infante: su regocijo se
    expresa en las noches
    del amor y la venganza.
    Es la hora de los muertos,
    ahí donde surgen los pálidos
    rostros de niños consumidos
    por el viento.
    Largo es el camino y oscuras
    las sonrisas de los días.
    (Las tumbas conservan sus
    viejos temores, los hombres
    sus viejos escritos
    y los niños nacen
    con nuevos
    rencores en los labios).
    Y allí donde el día se ofrece
    (oscuro regocijo de hierbas caídas)
    abro mis ojos a la luz del amor
    y de tus labios.
 
 



 

          invierno

    Agosto ha pasado ya.
    Duras primaveras
    acosan mis olvidados
    recuerdos.
    (Las cicatrices
    del tiempo y del olvido,
    lo cicatrices del odio
    y el amor,
    las llanuras de sangre
    abiertas con la mano,
    los campos desolados
    por la sed y el amor).
 
 


 


 

    primavera

    Es la hora de la sangre
    y del clamor.
    ahí donde vibraban
    los viejos clarines,
    allí donde sonaban
    los viejos sonetos,
    vibran y suenan
    los días oscuros
    del tiempo y del amor.
    Los muertos esperan
    felices los truenos
    pacientes,
    y los ríos congelados
    aguardan la llegada
    del verano.
    Verano, viejo sólido,
    nada podrás contra
    la ardiente tiranía
    de la primavera.
 
 


 

        verano

    Redoblados soplos del amor
    sacuden el corazón y los ojos.
    (Es la luz de la vida y
    de los días. Es el castigo de la
    muerte y de las noches).
    Recojo y siembro las semillas
    del amor;
    camino entre noches
    oscurecidas por
    el vino,
    pregunto a la tierra
    y a los montes,
    arranco montañas
    de odios y tumultos:
    ¿Qué son las tardes
    al lado de la paz,
    qué son los montes
    al lado de los sueños,
    qué son los ríos
    a lado de las lágrimas,
    qué son una sonrisa,
    un llanto,
    un estremecimiento,
    un
    rostro,
    una
    mano
    si día a día
    mueren
    las hierbas
    en los campos,
    si día a día
    caen en sus
    noches
    los  árboles
    del amor y
    del silencio?
 
 


 


 

        otoño

    En los ríos del otoño,
    mi sangre, mi muertos,
    mi amor, las hierbas caídas,
    mis labios, las cicatrices
                                   abiertas,
    se fundirán como
    una primavera,
    se unirán como niños
    jugando,
    en el eterno renacer
    de nuestros corazones.
 
 



   

mi casa muerta
1
No derrumben mi casa
vieja, había dicho.
No derrumben mí casa.
2
Teníamos nuestra pérgola,
y dos puertas a la calle,
un jardín a la entrada,
pequeño pero grande,
un manzano que yace seco
ahora por el grito
y el cemento.
El durazno y el naranjo
habían muerto anteriormente,
pero teníamos también
 (¡cómo olvidarlo!)
un árbol de granadas.
Granadas que salían
de su tronco,
rojas,
verdes,
el árbol se mezclaba
con el muro,
y al lado,
en la calle,
un tronco que
daba moras
cada año,
que llenaba de hojas
en otoño las puertas
de mi casa.
3
No derrumben mi vieja casa,
había dicho,
dejen al menos mis
granadas
y mis moras,
mis manzanas y mis
rejas.
4
Todo esto contenía
mi  pequeño jardín.
Era un pedazo de
tierra custodiado
día y tarde por una
verja,
una reja castaña y alta
que
los niños a la salida
del colegio
saltaban fácilmente,
llevándose las manzanas
y las moras,
las granadas
y las flores.
5
Es cierto, no lo niego,
las paredes se caían
y las puertas no cerraban
totalmente.
Pero mataron mi casa,
mi dormitorio con su
alta ventana mañanera.
Y no quedó nada
del granado,
las moras ya no
ensucian mis. zapatos,
del manzano sólo veo
hoy día,
un triste tronco que
llora sus manzanas
y sus niños.
6
Mi corazón se quedó
con mi casa muerta.
Es difícil rescatar
un poco de alegría,
yo he vivido entre
carros y cemento,
yo he vivido siempre
entre camiones
y oficinas,
yo he vívido entre
ruinas todo el tiempo,
y cambiar un poco
de árbol y de pasto,
una palmera antigua
con columpios,
una granada roja
disparada en la batalla,
una mora caída con un niño,
por un poco
de pintura
y de granizo,
es
cambiar
también algo
de alegría
y de tristeza,
es cambiar también
un poco de mi vida,
es llamar también
un poco aquí a la muerte
(que me acompañaba
todas las tardes
en mi vieja casa,
en mi casa muerta).
 
                           De: "El Viaje". 1961.

 


 

Yo no me río de la muerte
 
elegía
Tú quisiste descansar
en tierra muerta y en olvido.
Creías poder vivir solo
en el mar, o en los montes.
Luego supiste que la vida
es soledad  entre los hombres
y soledad entre los valles.
Que los días que circulaban
en tu pecho sólo eran nuestras
de dolor entre tu llanto. Pobre
amigo. No sabías nada ni llorabas nada
Yo nunca me río
de la muerte.
Simplemente
sucede que
no tengo
miedo
de
morir
entre
pájaros y arboles
Yo no me río de la muerte.
Pero a veces tengo sed
y pido un poco de vida,
a veces tengo sed y pregunto
diariamente, y como siempre
sucede que no hallo respuestas
sino una carcajada profunda
y negra. Ya lo dije, nunca
suelo reir de la muerte,
pero sí conozco su blanco
rostro, su tétrica vestimenta.
Yo no me río de la muerte.
Sin embargo, conozco su
blanca casa, conozco su
blanca vestimenta, conozco
su humedad y su silencio.
Claro está, la muerte no
me ha visitado todavía,
y Uds. preguntarán: ¿qué
conoces? No conozco nada.
Es cierto también eso.
Empero, sé que al llegar
ella yo estaré esperando,
yo estaré esperando de pie
o tal vez desayunando.
La miraré blandamente
(no se vaya a asustar)
y como jamás he reído
de su túnica, la acompañaré,
solitario y solitario.
 
                                                    De: "El Viaje". 1961.