(c) COPYRIGHT 2008 - CASA DEL POETA PERUANO-TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS
POR SUS PROPIOS AUTORES - Director: Joan Viva
Homenaje Multimedia
a
Javier Heraud
DATOS
BIOBIBLIOGRÁFICOS
Javier Heraud Pérez nació en la ciudad de Lima,
Perú, el 19 de enero de 1942. Hijo de Jorge Heraud
Cricet y Victoria Pérez Tellería, fue el tercero de seis
hermanos.
En 1947 ingresó al Colegio de Los Sagrados
Corazones de Belén y en 1948 se incorporó al primer año
de primaria en el Colegio Markham, donde cursó toda su
instrucción escolar. Al concluir sus estudios recibió el
Segundo Premio de su promoción y el Primer Premio de
Literatura. Se destacó
además en competencias deportivas, en las que obtuvo
diversos trofeos. Colaboró en la revista del Colegio con
artículos y poemas.
En 1958 ingresó con el primer puesto a la
Facultad de Letras de la Universidad Católica del Perú.
Ese mismo año ocupó la plaza de profesor en el Instituto
Industrial Nº 24, donde dictó cursos de castellano e
inglés. En 1960 le nombraron Profesor de Inglés en el
Colegio Nacional Nuestra Señora de Guadalupe.
El 16 de enero de 1961 se inscribió en las filas
del Movimiento Social Progresista (MSP), de tendencia
Social - Demócrata. Participó en la manifestación de
repudio a la visita de Richard Nixon al Perú, en ese
entonces vicepresidente de los EE.UU. Se matriculó en la
Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde estudió
Derecho por insistencia de su padre, carrera que nunca
le interesó. En San Marcos frecuentó nuevas amistades y
se relacionó con los círculos literarios sanmarquinos.
Publicó "El Viaje", en edición conmemorativa del X
Aniversario de Cuadernos Trimestrales de Poesía. Se le
nombró Profesor de Literatura en el Colegio Nacional
Melitón Carbajal, de Lima. El 16 de mayo de 1961 se
produjo una gresca entre simpatizantes de la revolución
cubana —entre los que se encontraba Heraud— y exiliados
cubanos anticastristas frente a la iglesia de San
Francisco, luego que estos últimos organizaran una misa,
y hubo varios detenidos. El 20 de julio fue a Moscú
invitado al Forum Mundial de la Juventud. Llevó la
representación de su partido, el MSP. Permaneció 15 días
en Rusia, visitó la Plaza Roja de Moscú y la tumba de
Lenin. Testimonios del encuentro son los poemas "Plaza
Roja 1961" y "En la Plaza Roja". Conoció Asia, viajó a
París y Madrid. En París visitó el sepulcro donde
descansa el poeta Cesar Vallejo (Poema "En Montrouge").
El 20 de octubre regresó a Lima.
En 1962 renunció al Movimiento Social
Progresista. En su carta escribe: "Es el planteamiento
falso de este llamado "socialismo humanista" lo que está
condicionando toda la marcha del Movimiento y lo lleva a
una praxis equivocada. Yo no creo que sea suficiente
llamarse revolucionario para serlo…". Luego diría: "De
ahora en adelante, me enrumbaré por la ruta definitiva
donde brilla esplendorosa el alba de la humanidad."
Recibió una beca para estudiar, en Cuba,
cinematografía. El grupo de becarios partió de Lima el
29 de marzo, por tierra, con destino a la ciudad de
Arica, Chile, donde permaneció cinco días. El grupo fue
recibido por los militantes del Partido Comunista de
Chile. En Arica se encontraba Salvador Allende que más
tarde sería presidente de su país. En la noche del 4 de
abril pisó tierra cubana. En La Habana conoció la Plaza
de la Revolución donde se encuentra el monumento al
poeta y héroe de Cuba José Martí. “Vi al Apóstol en
piedra, para siempre”.
Se encontró con Fidel Castro: “Vi a Fidel de
piedra movediza, escuché su voz de furia incontenible
hacia los enemigos. Y recordé mi triste patria, mi
pueblo amordazado, sus tristes niños, sus calles
despobladas de alegría”. Después lo catalogaría como “el
hombre de la Revolución" y de "sencillo, normal y
amistoso".
Recorrió junto a otros camaradas distintas
ciudades, entre ellas Camagüey, Santiago de Cuba, y la
ya mítica Santa Clara que vio luchar al Che Guevara
durante la revolución. Dentro de su preparación de
combatiente social y guerrillero escaló la Sierra
Maestra, lugar donde años atrás se había librado la
guerra de guerrillas. Diría después: "Aquí todo es tan
hermoso". En esta etapa se fue dando en el poeta un
rápido proceso de amor y entrega a la humanidad junto a
sus profundas convicciones de justicia social.
Sin descuidar el cultivo de las artes, en mayo de
1962 se matriculó en la Universidad de la Habana como
estudiante de Literatura. Formó círculos de estudio de
Literatura junto a otros compañeros y se vinculó también
con gente de cine, otra de sus pasiones.
El 18 de julio de 1962 Perú padece uno de los
tantos golpes de estado, desdichadamente tan comunes en
el continente. Desde Cuba, el poeta dice: “es el destino
momentáneo de América”, y también a su madre: “Vivo
ahora en un país libre, y tú en un país explotado”.
Escribió poemas en La Habana y en La Paz, bajo el
nombre Rodrigo Machado, nombre de guerra
utilizado en tanto militante del Ejercito de Liberación
Nacional del Perú (ELN).
En 1963 retornó al Perú desde La Paz, Bolivia
para librar "la guerra contra el imperialismo" (Poema
"Explicación"), ya como integrante del ELN.
El 15 de mayo una bala perforó el cuerpo de
Javier Heraud asesinándolo a los 21 años en medio del
río Madre de Dios, frente a la ciudad de Puerto
Maldonado. Ese día, un año antes, había escrito a su
madre: "Recuerda tú, recuerden todos que mi cariño y mi
amor crecerán siempre, que nada ni nadie nos podrá
separar aunque estemos lejos, y que algún día nos
reuniremos para cantar y llorar juntos, para abrazarnos
y querernos más. Y que yo siempre seré el niño a quien
tú tuviste en brazos aunque haya crecido por este tiempo
que avanza y destroza los años, pero no los recuerdos".
Libros publicados
El Río, (1960) dentro de la Colección
Cuadernos del Hontanar, luego llamado "Cuadernos de
Javier Heraud" dirigida por Luis Alberto Ratto y
Javier Sologuren.
El Viaje, (1961)
Premios y distinciones
Primer Premio en el concurso "El Poeta Joven del
Perú", compartido con César Calvo, convocado por la
revista Cuadernos Trimestrales de Poesía, de
Trujillo, por su libro: El Viaje
Primer Premio de Poesía en los Juegos Florales
convocados por la Federación Universitaria de San
Marcos, por su poemario Estación Reunida
(Póstumo).
Homenaje a Javier
Heraud en Presencia Cultural (Primera parte)
PALABRAS PRELIMINARES
Javier Heraud poeta pertenece a la estirpe de
Bolívar y el Che Guevara: hombre de letras, tuvo que ser
también hombre público. Su limpia voz juvenil (cantor de
la vida, profeta de su muerte, leyenda viva en el Perú),
su sarcasmo antiburgués y sus parábolas alimentan aún
hoy una literatura americana que busca su identidad.
La voz de orden era clara entonces: se estaba a
favor o en contra de los pueblos oprimidos. En esos años
duros, ricos y sin tregua, las crisis de conciencia y
las reubicaciones ideológicas y estéticas eran
numerosas, los temas se modificaban en un notorio (y no
siempre consciente) propósito de echar raíces en
territorio latinoamericano. El creador parte
virtualmente de cero. Nuestra tradición sucedió
prácticamente ayer y, en consecuencia, no podemos
invocar los hechos de la víspera como arquetipos
inamovibles, como valores definitivamente establecidos.
Mientras que el escritor europeo tiene un amplio y
seguro legado, debidamente fichado, analizado, bien
condicionado, y está en inmejorables condiciones para
efectuar referencias sumarias del mismo, su colega
latinoamericano, en cambio, se encuentra en plena
construcción de ese legado.
La personalidad humana de Javier Heraud no fue
menos singular y atractiva que la artística. Testigo de
un mundo injusto y desgarrado por la confusión, eleva su
voz impregnada de amor y pureza hacia todo lo que le
rodea: amigos, mar, ríos, naturaleza, patria,
continente. Humanidad y contemplación. Aunque más tarde
sienta que "Luego supiste que la vida es soledad entre
los hombres y soledad entre los valles". Si no se puede
cambiar la vida, si la vida no es encuentro, reunión, al
menos que se advierta que eso es una injusticia, o que
—al menos— podamos hacer nuestras las palabras de
Javier:
“No deseo la victoria ni la muerte,
no deseo la derrota ni la vida,
sólo deseo el árbol y su sombra,
la vida con su muerte”
Convertirse en lo que uno es. Eso es todo.
Lord Cheselin
Homenaje a Javier
Heraud en Presencia Cultural (2da. y ultima parte)
Javier Heraud:
entre el fuego y la ternura
por Juan Cristóbal
Esbozo biográfico
Tenía apenas 21 años, cuando un 15 de
mayo de 1963 pasó a la inmortalidad, al ser acribillado, con
balas que sirven para cazar animales, por la Guardia Civil,
en un río de Puerto Maldonado, a pesar de haber estado
agitando una bandera blanca desde una canoa, cuando había
ingresado al Perú y deseaba iniciar la revolución, desde su
militancia del Ejército de Liberación Nacional (ELN).
En él se dio la figura del hombre
que lucha incansablemente por sus ideales y la del poeta
admirado que ya había ofrecido un caudal de poemas
admirables. Sus versos, a pesar de ser sencillos, eran
hondos y gravitantes. Reflejaban inquietudes de los más
profundos sentimientos, especialmente de justicia. A pesar
de su juventud, la obra que nos legó sigue causando
admiración y respeto, tanto por su ternura cuanto por su
estilo acabado. Su poesía es límpida y transparente. Puede
parecer simple, pero es grave y compleja. Los temas
centrales de su poesía son: el río, el otoño, el hogar, la
naturaleza, la muerte, que siempre la trata de una forma
conmovedora, cercana y familiar. Son inolvidables esos
versos: “Yo no le temo a la muerte / pero algún día / moriré
entre pájaros y árboles”. Y asi fue como murió. Como la
mataron.
Esa admirable madurez se explica
por su constante preocupación de mantenerse en contacto con
la literatura no solo peruana sino del mundo. Apreciaba la
calidad, entre los peruanos, de Vallejo, Westphalen, como la
de Neruda, Eluard, Keats, Shélley, Antonio Machado, entre
otros.
Los pocos años que tenía no fueron
obstáculo para su ingreso a la Universidad La Católica, en
donde fue asistente de cátedra a los 17 años. Posteriorme,
asumiría la responsabilidad de ser profesor de inglés en el
colegio Guadalupe.
Los amigos lo recuerdan como un
joven sencillo, bueno, con alma de niño, que sabía lo que
significaba la amistad. Era alegre y juguetón, pero de
carácter fuerte al que le indignaba la injusticia.
En 1960 ganó el primer premio,
junto con César Calvo, en el concurso “El Poeta Joven del
Perú”, convocado por la revista Cuadernos Trimestrales de
Poesía, de Trujillo, dirigida por Oscar Corcuera.
El 20 de julio de 1961 viaja a
Moscú, pasa a Asia, luego a Paris y Madrid. En 1962 se va a
Cuba a estudiar cine.
En vida publicó “El río”, “El
viaje”, Dejó poemarios inéditos como “Estación reunida”,
“Poemas de la tierra”, “Viajes imaginarios”, “Poemas
dispersos”. Su nombre de combate fue “Rodrigo Machado”.
El mensaje
de Javier
Tal vez fue Lenin quien dijo, “En
algunas épocas las mismas clases dominantes que asesinan a
hombres que después pasan a tener un significado profundo de
su patria, tratan de apoderarse de su memoria (como aves de
rapiña) para confundir al pueblo haciéndose pasar como los
realizadores de esos ideales por los cuales ofrendó su vida
el combatiente”.
Y esto es lo que sucedió y sigue
sucediendo con Javier, añadiendo además, para vergüenza de
quienes lo hacen, que no solamente cometen la ignominia
arriba mencionada de las clases opresoras, sino también
entran en la conjura algunos compañeros de ideales y sueños.
Por eso es importante rescatar a Javier y tantos otros
héroes populares para que no aparezcan como los
“románticos”, “los ingenuos”, “los aventureros” que
abrazaron y abrazan “ideas extrañas”, porque eso es una
farsa.
Es verdad que Javier fue un
romántico (qué poeta, qué militante, qué guerrillero no lo
es), un ingenuo (pero para decir, “del horizonte de uno al
horizonte de todos”, como Paul Eluar), un aventurero (pero a
la manera del Che, que exponía su vida por las ideas que
enarbolaba). Pero de lo que se olvidan decir es que Javier
fue un auténtico revolucionario, un hombre en toda la
extensión de la palabra, que estuvo comprometido política e
ideológicamente con la liberación definitiva de su patria, y
no con meras reformas estructurales y nacionalistas.
Por eso, en los actuales momentos
de nuestra vida política, el recuerdo y presencia de Javier
adquiere un significado especial: persistir en la lucha por
el auténtico socialismo, aun cuando sea desde las trincheras
del desaliento o desesperanza. Porque lo que Javier y otros
quisieron, no fue una bola menos pesada para el presidiario,
ni una sociedad donde se maten (de hambre o de bala o se
desaparezcan o destierren) obreros, campesinos, estudiantes,
intelectuales comprometidos. ni que se renuncie a la
inevitable lucha de clases.
El recuerdo y presencia de Javier
debe servir para guiarnos a producir acciones unitarias a
favor de las grandes mayorías, que conduzcan al socialismo y
al internacionalismo de nuestra patria latinoamericana,
amenazada por el neoliberalismo salvaje y sus siempre
protervos adalides como Vargas Llosa.
Addenda
Alguna vez testimonié en un semanario
diciendo: “A Javier Heraud –los amigos cercanos y los otros-
lo hemos traicionado. Su legado político lo hemos olvidado,
lo hemos echado al tacho de basura. Nadie (a excepción de
Edgardo Tello) ha seguido su generosidad y lealtad, su
mirada al porvenir y su entrega. Porque todos los de la
generación del 60 nos dedicamos a posar, a hablar, hacer
recitales, manifiestos, pero no a entregarnos a la lucha
concreta y definitiva. Fuimos como una especie de dandys de
la palabra y del gesto”. Y puedo añadir ahora: “Y después
(especialmente con los tiempos del fujimorato), muchos otros
lo volvieron a traicionar, ya claudicando en su pensamiento,
ya pasándose al enemigo”.
Por eso, la muerte de Javier, para
nosotros los poetas e intelectuales que deseamos servir a la
historia, debe ser el punto de partida y el compromiso
permanente con las mejores causas populares. Debe ser el
testimonio heroico de la teoría y de la práctica, desde el
lugar que nos encontremos. La afirmación de nuestras
esperanzas. Debemos, pues ratificar, de manera permanente,
que los ideales de belleza y lucha no son excluyentes, sino
están en la misma línea de combate y por encima de todo tipo
de interés. Y eso lo advirtió premonitoriamente Javier
cuando dijo: “No hay que elevar las promesas futuras, si a
la hora de la lluvia sólo tendremos el sol y el trigo
muerto”.
La historia, inflexible como
siempre, le ha vuelto a dar la razón a Javier, nuestro mejor
paradigma de poeta y revolucionario. Y nos ha vuelto a poner
a nosotros en nuestro sitio. De donde sólo podremos salir si
mostramos entrega y vitalidad. Como él, cuando murió.
Lima, 2006, jueves 18 de mayo,
Escuela de Folklore “José María Arguedas”
Breve comentario sobre la poesía de
Javier Heraud
Un río (el río) antropomorfizado en un poema narrativo y
dramático
Jorge Cornejo
Polar
Para una
lectura superficial o poco atenta la poesía de Heraud
puede parecer extremadamente simple y desnuda casi por
completo de artificios poéticos. Pero esa es una
impresión engañosa que se desvanece a poco que una más
morosa lectura permita un acercamiento más profundo y
completo a la breve obra de este poeta (5 poemarios,
menos de un centenar de poemas). Sorpréndenos entonces
la tensa voluntad de estilo, la clara intención de
técnica que se manifiestan no sólo en la cuidada
construcción de cada libro o en la delicada arquitectura
de cada poema, sino también en el uso seguramente
deliberado de un variado repertorio de instrumentos
antiguos y modernos del oficio literario.
Precisamente por eso la vía del análisis de los
procedimientos poéticos puede conducir en el caso de la
obra de Heraud a un progresivo develar de sus más
secretas estancias y a una bien orientada aproximación a
las claves de su concepción del mundo y de su actitud
ante la vida, especialmente si se la acompaña con un
esclarecimiento de las principales líneas temáticas de
la obra del poeta.
Tal es la empresa que este estudio pretende cumplir
aunque —cierto es— en forma solamente parcial.
— Los
Símbolos en la poesía de Heraud
Enseña
Carlos Bousoño que la figura literaria llamada símbolo
se da cuando el poeta pretende expresarpor medio de la
referencia a un algo u objeto —que es el símbolo mismo—
un otro mundo o territorio real —que es lo
simbolizado—:. Lo más característico del símbolo viene a
ser "lo difusamente que divisamos el territorio real
guarecido tras él". Este mundo real al que el poeta
alude sólo es determinable de modo genérico, no
específico. El lector conoce el género de realidad que
expresa el símbolo, pero no puede precisar con toda
exactitud y certeza la especie a la que tal realidad
pertenece. Así, explica Bousoño, en un poema de Unamuno
en que se habla de un voraz buitre que devora las
entrañas del poeta, este buitre es símbolo de ciertas
angustias, inquietudes, problemas del poeta que
desgarran y destrozan su espíritu.
Concebimos entonces "in genere" la realidad a que el
símbolo se refiere —aquellas angustias, dolores,
inquietudes— pero no alcanzamos a descubrir su exacta
naturaleza. Este es el caso general de funcionamiento
del símbolo, es decir el llamado símbolo monosémico.
Pero hay también otra clase de símbolo —más complejo y
de mayor riqueza expresiva— a la que Bousoño denomina
símbolo bisémico. Consiste en que cuando el poeta
recurre a un objeto para por medio de él simbolizar
algo, utiliza tal objeto no sólo como instrumento o
medio de expresar otra realidad que se esconde tras él,
sino que simultáneamente se refiere a dicho objeto en su
significación propia. Así es un poema de Machado en que
se describe un estanque de oscuras, mortecinas aguas,
hay símbolo puesto que por medio de tal descripción el
poeta quiere mentar sentimientos de tristeza y amargura
simbolizados en el agua muerta del estanque, pero es
símbolo bisémico porque a la vez el poeta está pintando
en realidad a un estanque y a sus aguas, con tales o
cuales características. El objeto escogido cumple, pues,
una doble función, está al servicio de la bisemia del
símbolo.
En la poesía de Javier Heraud creo descubrir como una de
sus más significativas constantes la tendencia a la
figuración simbólica plasmada fundamentalmente en tres
direcciones: el viaje, el río, el otoño.
A) Un símbolo bisémico: el
otoño.......................................................................
B) El río: símbolo monosémico..............................................................
Si en el caso del otoño, la filiación literaria de la
figura parece razonablemente clara: se trata básicamente
de un símbolo, no ocurre lo mismo con el río —otra de
las constantes de la obra de Heraud— que a ratos se
ofrece como una visión pero más generalmente y más
fundamentalmente como un símbolo, esta vez del tipo
monosémico.
De pie-José Hidalgo, César
Calvo, Ricardo Espinoza, Marco Antonio Corcuera, Arturo
Corcuera, Javier Heraud, Livio Gómez, Mario Razetto.
Sentados-Wilfredo Ortega Torres, Carmen Luz Bejarano,
Carmen Izaguirre y Antonio Osores
Visión es, siguiendo siempre la lección de Bousoño, "la
atribución de cualidades irreales a un objeto" y en ese
sentido cuando Heraud se asigna claramente las
características de un río estaría, pues, plasmando una
visión. Pero la dualidad poeta-río considerada como un
conjunto es evidentemente un símbolo de la vida,
principalmente y también del cosmos, la humanidad y la
creación artística. Este complejo recurso poético —una
figura en dos tiempos en realidad— se da en "El Río", el
primer libro que publicara Heraud.
Son nueve estrofas que en este caso significan nueve
etapas en la elaboración de un amplio edificio de
imaginación o si se prefiere nueve enfoques distintos
hacia un solo punto.
En la primera son la violencia de la corriente del río,
el duro golpear de sus aguas, los pilares en que se
sienta la composición: "voy bajando por las piedras /
voy bajando por las rocas duras... / bajo cada vez más /
furiosamente / más violentamente". Esta primera
estrofa es también una muestra de cómo dentro de la
arquitectura general del poema El Río simbólica y
visionaria, Heraud despliega otros recursos técnicos de
alcance más restringido pero de similar eficacia
expresiva. Tal el caso de los encabalgamientos que
suceden (en esta y en las siguientes partes del poema)
cumpliendo la función que les es habitual: reforzamiento
de la expresividad de la parte final del verso, el
fragmento encabalgado. Asi en: "bajo cada vez más /
furiosamente" donde es este último contenido el que
resulta realzado.
La segunda sección se contrapone a la primera porque
aquí la incidencia es sobre la ternura, la delicadeza,
la generosidad. Desde el comienzo estas connotaciones se
muestran: "soy un río cristalino", para continuar
después: A veces soy / tierno y / bondadoso. / Me
deslizo suavemente / ...doy de beber miles de veces / al
ganado, a la gente dócil...". (Repárese en el
encabalgamiento usado nuevamente con profusión).
El tercer paso marca un retorno a la fuerza esta vez
desatada, a la rudeza: "pero a veces soy / bravo / y
fuerte / pero a veces / no respeto ni / a la vida ni a
la / muerte... bajo con furia y con / rencor... golpeo
contra las piedras más y más / las hago una a una
pedazos interminables...". "...Los animales huyen, huyen
huyendo (típica reiteración, muy usada también por
Heraud) cuando inundo casas y pastos, las puertas y
sus corazones, los cuerpos y sus corazones".
Homenaje en la Universidad San
Cristobal de Huamanga, Ayacucho. 1966.
En su primera mitad la cuarta etapa es como una
ampliación sumamente sugestiva de lo anterior: "Y es
aquí cuando / más me precipito / cuando puedo llegar a
los corazones / cuando puedo / cogerlos por la / sangre
/ cuando puedo / mirarlos desde adentro". La
conclusión es por el contrario un retorno a la
tranquilidad: "Y mi furia se torna apacible". Hay
en estas cuatro primeras estrofas un alternado juego de
fuerza y violencia (I y III) y tranquilidad y suavidad (II
y IV) que testimonia una vez más la voluntad de
arquitectura del poeta.
La quinta parte habla del "río eterno de la dicha"
a la parte que parece prefigurar el final del recorrido
allá junto al mar: "ya siento las brisas cercanas, ya
siento el viento en mis mejillas...".
La alusión a la vida a través del símbolo río se hace
bastante clara en la estrofa sexta, especialmente en sus
versos impares que conforman una construcción de tipo
anafórico y se refieren al río que viaja por las
riberas, orillas, pastos, calles, montes, casas y al fin
"dentro de los hombres". Los versos impares son
una típica "enumeración caótica": árbol, piedra, puerta,
flor, mesa, silla, corazón, etc.
La mención de la función poética parece entreverse en la
última estrofa: "Yo soy el río que canta / al
mediodía y a los / hombres / que canta ante sus tumbas /
y el que vuelve su rostro / ante los cauces sagrados".
La breve estrofa octava es una reiteración en la
descripción del recorrido del río: baja por las
quebradas, los pueblos, las ciudades, las praderas.
La estancia final representa el momento de más alta
calidad poética de la obra toda. Es un delicado
ejercicio de composición poética en el que la referencia
al destino final de los ríos —ir a confundirse con el
mar— sirve de instrumento para expresar algo mucho más
profundo —el final destino de la vida de los hombres en
general y del poeta en particular —la muerte—. Pocas
veces se hallará una tan bella y delicada manera de
decir lo inevitable de la muerte (llegará la hora... el
día llegará), consumación que para el poeta es sobretodo
el acallarse de su canto ("tendré que / silenciar mi
canto / luminoso...") y el dejar de ver su mundo ("no
veré más mis campos... mis árboles... mi viento",
etc.). Al fin todo se disolverá en una llanura de agua,
todo se confundirá en una nueva realidad. La palabra
antigua de Jorge Manrique —"Nuestras vidas son los ríos
que van a dar a la mar que es el morir"— parece resonar,
sabiamente asimilada, en estos versos.
C) El símbolo del viaje
En la trilogía simbólica de Heraud, el viaje cumple
también un rol importante. Aquí el símbolo viaje se
parte en varias secciones, de las cuales unas, aquellas
en que no se alude a ningún viaje son evidentemente
símbolo monosémico, mientras que otras, aquellas en que
aparte de la intención simbólica hay referencia a un
efectivo viajar, pertenecen a la categoría de símbolo
bisémico. El viaje es un símbolo que no se halla
concentrado en una sola de las composiciones o de los
poemarios de Heraud sino que aparece y reaparece en
distintos momentos de sus obras; no obstante, la
figuración se da con especial insistencia en los
poemarios "El Viaje" y "Viajes imaginarios".......................................................
Por lo
pronto es curioso advertir que los tres símbolos
fundamentales de la poesía de Heraud están expresados en
distinto tiempo verbal. Así el río está en presente:
"Yo soy el río..."; el otoño, se alza en el futuro:
"Estamos en espera del otoño..."; y el viaje
alude al pasado. Dentro de esta coordenada temporal el
viaje parece significar en varias ocasiones simplemente
el sueño durante el cual se recorre comarcas y paisajes
sin fin, pero en otros casos y más profundamente el
viaje alude a una experiencia interior, quizás a una
crisis radical acaecida al poeta en alguna ocasión.
Porque el viaje en Heraud expresa fundamentalmente un
deseo hondo de descanso, de un descanso que podría
significar superación de conflictos íntimos,
tranquilidad, ausencia de angustias; pero un descanso
así no ha sido logrado en el transcurso del año en que
Heraud ha "viajado" es decir ha intentado descansar. Se
produce entonces ese entrecruzamiento entre dos
"entidades fundamentales, el año y el descanso, cuya
intensidad varía y cuyos significados se entrecruzan
formando la trama interior que sostiene los versos",
como lo ha visto y expresado lúcidamente Washington
Delgado.
II —Un
tema en la poesía de Heraud: La muerte
La muerte
no es solo un motivo dentro de la poesía de Heraud, es
más bien uno de sus leit motivs. Una extraña y
conmovedora familiaridad con la muerte y un continuo
referirse a ella se dan, en efecto, a todo lo largo de
la obra poética, en la cual en una y otra ocasión,
dentro de unos y otros contextos, la tercera presencia
de la muerte es un hito fundamental.
La certidumbre de que cada hombre lleva dentro de sí su
propia muerte (que recuerda claramente a Rilke) parece
inspirar las consideraciones del joven
poeta.......................................................................
"Por qué tocamos con nuestras ineptas manos a la
poesía, si no sabemos nada de su misterio" se
preguntaba angustiado el maestro español Dámaso Alonso,
confesando que la estilística y la ciencia literaria
permanecerán por mucho tiempo aún a "orillas del
misterio" de la creación poética. Y si esto es cierto de
cualquier tipo de poesía, con mayor razón lo es de ésta
en que oscuramente se ha dado una suerte de adivinación,
se ha intuído en alguna manera lo futuro. Vallejo
anunciando tristemente "me moriré en París con
aguacero...", Salazar Bondy escribiendo su
"Testamento Ológrafo", Heraud prediciendo su muerte
entre árboles y pájaros, son tres casos —los más
cercanos a nosotros—en que este misterio ha florecido.
Es en todo caso admirable la hondura y a la vez la
sencillez y el alto tono humano con que el tema de la
muerte —difícil siempre— está tratado en la poesía de
Heraud. Alejado por igual de la lamentación sentimental,
del exceso retórico y de la tentación filosófica o
moralizante, su obra es en este sentido a la vez
conciencia vigilante y alerta de que la muerte es rasgo
sustancial de la condición humana y hermosa expresión
verbal de tal sentida convicción.
La Muerte de Javier Heraud
Dolor y esperanza de
Javier Heraud
Semblanza
Javier Heraud
(1942-1963) es un poeta emblemático de los años sesenta. Su
libro El río (1960) apareció como las verdaderas novedades
literarias, sin hacer ostentación de su condición; el poeta
tomaba ese símbolo de la tradición filosófica y literaria
que pertenece a lo que llama la lógica paradójica, según la
cual las palabras estrictamente verdaderas, parecen
justamente paradójicas. El río de Heraud es cristalino en la
mañana y luego baja con furia y rencor. El poeta continúa la
tradición de Jorge Manrique, poeta español del siglo XV, que
compara nuestras vidas con los ríos, seguida por Antonio
Machado, quien dijo que la vida es como un ancho río y por
T. Eliot, que compara al río con un Dios pardo, adusto,
indómito, intratable.
La novedad perceptible del libro es el contenido dramático
que Heraud confiere al viejo símbolo. La voz que escribe se
trasmuta en río y, aparentemente con el mismo capricho con
que las aguas bajan de las alturas, va alineando los versos
cuidadosamente libres, anunciando las cualidades
contradictorias de las que el río viene poseído.
Yo soy un río,
voy bajando por
las piedras anchas,
voy bajando por
las rocas duras,
por el sendero
dibujado por el
viento.
Al final el
río habla de la necesidad de mezclar sus aguas limpias con
las turbias del mar, de silenciar su canto, de tener que
abandonar mucho de lo querido, campos fértiles, nuevas aguas
luminosas, nuevas aguas apagadas. Heraud trae en ese pequeño
texto una frescura personalísima, un modo de hacer poesía
transformador de los símbolos tradicionales. En ese mismo
año de 1960 Heraud ganó un importante premio para escritores
jóvenes. Con su libro El viaje compartió con César Calvo los
lauros del concurso "Poeta joven del Perú" convocado en
Trujillo por la revista Cuadernos trimestrales de poesía. El
libro apareció en 1961 y fue el último que alcanzó a ver a
Javier Heraud. En esta ocasión el poeta asume su "yo
personal"; sigue atraído por los elementos naturales, el
mar, las vertientes, pero el transfondo es el de un hombre
madurando a trancos, fatigado prematuramente, que va a
encontrarse con los suyos para cumplir involuntariamente con
el rito de la despedida. Unos de los poemas más hermosos por
su hermosa factura y su honda nostalgia es Mi casa muerta.
El éxito de sus dos primeros libros fue para Heraud un viaje
rápido, un partir sin despedirse "porque en su corazón no
cabían más flores" como lo dijo en uno de sus textos. Heraud
no tuvo mucho tiempo para corregir sus poemas posteriores.
Sabemos sí por su Arte poética, que concebía a la poesía
como trabajo de alfarero, arcilla que se cuece entre las
manos, arcilla que modelan fuegos rápidos.
Por Marco Martos
POEMA EL RIO INTERPRETADO
POR UN ALUNMO
DEL COLEGIO "JAVIER HERAUD"
DE CENTRO POBLADO DE CUSI
EN LA PROVINCIA DE YAUYOS - LIMA
Restos
del poeta Javier Heraud ya descansan en Lima
El
recordado poeta peruano Javier Heraud ya descansa en Lima,
luego que sus restos fueron trasladados desde la ciudad de
Puerto Maldonado para cumplir un deseo de sus familiares más
cercanos. En una discreta ceremonia privada, se leyeron sus
poemas y se recordó pasajes de su vida que se extinguió bajo
las balas de las fuerzas del orden hace 45 años.
“Quisiera descansar todo un año
y volver mis ojos al mar/ y contemplar el río crecer y
crecer como un cauce/ como una enorme herida abierta en mi
pecho”, fue uno de los versos del poema, El Viaje (1961),
que leyó emocionada su hermana Cecilia Heraud durante el
sepelio.
Heraund se unió a las guerillas y murió el 15 de mayo de
1963 a los 21 años en un enfrentamiento con las fuerzas del
orden, en un paraje de Puerto Maldonado, fueron trasladados
en las últimas horas a Lima desde esa ciudad. Heraud Pérez
estuvo enterrado por 45 años en el cementerio “Los Pioneros”
de Puerto Maldonado.
“Se ha cumplido el deseo de mi madre, porque ella quería que
los restos de Javier estén al lado de mi padre Jorge”, dijo
la hermana de Javier, con emotivas palabras durante el
sepelio.
Los restos de Heraud fueron previamente incinerados en el
cementerio los Jardines de la Paz, y sepultados en el sector
de Los Algarrobos, donde recibió el adiós de sus familiares,
en dicha ceremonia. La madre del poeta, Victoria Pérez, de
96 años de edad, no pudo acompañar el cortejo fúnebre debido
a su avanzada edad, refirió Cecilia.
La
página cultural de La República (así como
El Peruano y la
edición web de El Comercio)
informa hoy, a través de
un cable de Andina, que
"en una ceremonia privada, en la que participaron solo
familiares, se sepultaron ayer los restos mortales de Javier
Heraud en Los Jardines de la Paz, de La Molina, en Lima".
La madre de Heraud, Victoria Pérez, de 96 años de edad, no
pudo estar presente en el cortejo, pero sí asistieron sus
hermanos Jorge, Victoria, Gustavo y Cecilia, quien leyó
"El deseo" ("Quisiera descansar
todo un año y volver mis ojos al mar / y contemplar el río
crecer y crecer como un cauce / como una enorme herida
abierta en mi pecho"), poema incluido en su segundo libro
El viaje (1961). Heraud fue
"acribillado por las fuerzas
del orden" en Puerto Maldonado
hace 45 años (específicamente un 15 de mayo) y desde
entonces estuvo enterrado en dicho lugar. Este retorno
póstumo de Heraud a su ciudad de nacimiento coincide con
la discusión nacional suscitada en
torno al MRTA. Menciono esto porque recuerdo que a propósito
del tema César Hildebrandt se preguntó la semana pasada en
su
columna de La Primera si
"¿fue Javier Heraud un
terrorista porque murió con un arma a la mano?";
una pregunta formulada en el contexto del encierro
carcelario de Melissa Patiño. Una de las respuestas a esa
pregunta puede encontrarse en la mención que hace Rocío
Silva Santisteban en
su post de ayer viernes al hecho
de que "la[s]
diferencia[s] entre grupo guerrillero y un grupo terrorista
[...] están establecidas en documentos internacionales".
Precisamente aparece hoy en Babelia de El País
el artículo
"Réquiem por el guerrillero bueno",
escrito por Santiago Roncagliolo, en el que ofrece una idea
de cómo son descritos los guerrilleros en la novelística
latinoamericana actual. Y respecto a descripciones, con
relación a la
"Muerte de Javier [Heraud]"
resulta apropiado consultar el testimonio reciente de su
compañero generacional Rodolfo Hinostroza.
"Cayó como una bomba. A Javier lo habían matado el 15 de
mayo, con una bala dum-dum cuando ingresaba al Perú
clandestinamente por el departamento de Madre de Dios, con
un grupo de guerrilleros armados",
cuenta el autor de Consejero del lobo, quien a su
vez expresa que "la
muerte de Javier marcó a mi generación al rojo vivo, y
convirtió al poeta en un símbolo".
Véase también
un reportaje de Marco Sifuentes
"emitido en Canal N por
el cuadragésimo aniversario de la muerte del poeta
guerrillero", así como la
columna de hoy en La Primera de, nuevamente, César
Hildebrandt:
"Javier Heraud desenterrado".
La tumba del
Poeta. Frontera con Bolivia.
Puerto Maldonado. Perú.
El
doctor Jorge A. Heraud Cricet envió una carta a Pedro
Beltrán, director de La Prensa (23 de mayo de 1963), para
protestar por la forma como mataron a su hijo, el poeta
Javier Heraud.
Javier Heraud descansa en un cementerio de Lima. No se
ha cumplido el deseo de los pobladores de Puerto Maldonado,
que se quedaría para siempre, debido a que se convirtió en
parte de la memoria colectiva. Se trata de una decisión
familiar y es preciso respetarla. Pero también es necesario
que las nuevas generaciones conozcan la forma como actuó el
padre del poeta, el doctor Jorge A. Heraud Cricet, frente a
un horrendo hecho que sacudió al Perú desde raíces.
Al conocerse el crimen del poeta (Lima 1942-Puerto
Maldonado 1963), el doctor Jorge A. Heraud Cricet decidió
viajar a Puerto Maldonado, a fin de conocer la verdad de los
hechos. Allí pidió que le practicaran una autopsia para
tener la certeza respecto a sus informaciones. Pero un
médico amigo lo persuadió para que guardara la dulce imagen
de su hijo.
Después de recoger varios testimonios, el doctor Jorge
A. Heraud Cricet tuvo la valentía de rectificar a La Prensa
que, había lanzado acusaciones y mentiras contra el poeta.
Es por esa razón que en una parte de su carta escribió:
“Allí tuve la trágica certidumbre de la muerte de Javier.
Pero mi pena, con ser insondable, se ha agrandado más aún al
saber que mi hijo, que había ido allá urgido por un ideal,
arrostrando los más graves peligros con el absoluto
desinterés, había sido víctima de una cacería humana.
Cuando, inerme en una canoa de tronco de árbol, desnudo y
sin armas en medio del río Madre Dios, a la deriva, sin
remos, mi hijo pudo ser detenido sin necesidad de disparos.
Más aún por cuanto, su compañero, había enarbolado un trapo
blanco. No obstante eso, la policía y los civiles a quienes
se azuzó le disparaban sobre seguro, desde lo alto del río,
durante hora y media, inclusive con balas de cacería de
fieras”.
Ningún policía ni civil que disparó contra el exánime cuerpo
de Heraud fue sancionado y, menos por haber usado balas dun
dun, prohibidas en las guerras más letales. Sin embargo, uno
de ellos vive en Puerto Maldonado, transformado en un ser
huidizo, tímido y huraño. Quienes lo conocen de cerca, dicen
que en sus sueños escucha los disparos y la voz del poeta.
Los restos de
Javier Heraud fueron enterrados en el sector Los Algarrobos,
Cementerio Jardines de la Paz. Allí se realizó una ceremonia
a la asistieron solo sus familiares.
Poemas
de Javier Heraud
- ÍNDICE -
El Río
Una piedra
Solo
Mi casa
Unas cosas
El viaje del descanso
El deseo
El poema
Recuento del año
Las estaciones
Poema
Invierno
Primavera
Verano
Otoño
Mi casa muerta
Yo no me río de la muerte
Epílogo
El Río
1
Yo soy un río, voy bajando por las piedras anchas, voy bajando por las rocas duras, por el sendero dibujado por el viento. Hay árboles a mi alrededor sombreados por la lluvia. Yo soy un río, bajo cada vez más furiosamente, más violentamente bajo cada vez que un puente me refleja en sus arcos.
2
Yo soy un río un río un río cristalino en la mañana. A veces soy tierno y bondadoso. Me deslizo suavemente por los valles fértiles, doy de beber miles de veces al ganado, a la gente dócil. Los niños se me acercan de día, y de noche trémulos amantes apoyan sus ojos en los míos, y hunden sus brazos en la oscura claridad de mis aguas fantasmales.
3
Yo soy el río. Pero a veces soy bravo y fuerte pero a veces no respeto ni a la vida ni a la muerte. Bajo por las atropelladas cascadas, bajo con furia y con rencor, golpeo contra las piedras más y más, las hago una a una pedazos interminables. Los animales huyen, huyen huyendo cuando me desbordo por los campos, cuando siembro de piedras pequeñas las laderas, cuando inundo las casas y los pastos, cuando inundo las puertas y sus corazones, los cuerpos y sus corazones.
4
Y es aquí cuando más me precipito Cuando puedo llegar a los corazones, cuando puedo cogerlos por la sangre, cuando puedo mirarlos desde adentro. Y mi furia se torna apacible, y me vuelvo árbol, y me estanco como un árbol, y me silencio como una piedra, y callo como una rosa sin espinas.
5
Yo soy un río. Yo soy el río eterno de la dicha. Ya siento las brisas cercanas, ya siento el viento en mis mejillas, y mi viaje a través de montes, ríos, lagos y praderas se torna inacabable.
6
Yo soy el río que viaja
en las riberas, árbol o piedra seca Yo soy el río que viaja en las orillas, puerta o corazón abierto Yo soy el río que viaja por los pastos, flor o rosa cortada Yo soy el río que viaja por las calles, tierra o cielo mojado Yo soy el río que viaja por los montes, roca o sal quemada Yo soy el río que viaja por las casas, mesa o silla colgada Yo soy el río que viaja dentro de los hombres, árbol fruta rosa piedra mesa corazón corazón y puerta retornados,
7
Yo soy el río que canta al mediodía y a los hombres, que canta ante sus tumbas, el que vuelve su rostro ante los cauces sagrados.
8
Yo soy el río anochecido. Ya bajo por las hondas quebradas, por los ignotos pueblos olvidados, por las ciudades atestadas de público en las vitrinas. Yo soy el río ya voy por las praderas, hay árboles a mi alrededor cubiertos de palomas, los árboles cantan con el río, los árboles cantan con mi corazón de pájaro, los ríos cantan con mis brazos.
9
Llegará la hora en que tendré que desembocar en los océanos, que mezclar mis aguas limpias con sus aguas turbias, que tendré que silenciar mi canto luminoso, que tendré que acallar mis gritos furiosos al alba de todos los días, que clarear mis ojos con el mar. El día llegará, y en los mares inmensos no veré más mis campos fértiles, no veré mis árboles verdes, mi viento cercano, mi cielo claro, mi lago oscuro, mi sol, mis nubes, ni veré nada, nada, únicamente el cielo azul, inmenso, y todo se disolverá en una llanura de agua, en donde un canto o un poema más sólo serán ríos pequeños que bajan, ríos caudalosos que bajan a juntarse en mis nuevas aguas luminosas, en mis nuevas aguas apagadas.
Del
poemario: "El Río". Lima. 1960.
Una
Piedra
Piedra fría,
solenme piedra
¡si pudieras hablar
en mi costado,
si pudieras cantar en
tu vertiente!
Si desembocaras en un
ancho río,
Y trajeras la paz al
mundo entero,
al cantarte en tus
aguas destiladas,
alma serías en mi
frente oscura,
brazo serías
de mi antigua
cabellera.
Del poemario:
" El Río". 1960. Lima.
solo
En las montañas o el mar
sentirme solo, aire, viento,
árbol, cosecha estéril.
Sonrisa, rostro, cielo y
silencio, en el Sur, o en
el Este, o en el nacimiento
de un nuevo río.
Lluvia, viento, frío
y azota.
Costa, relámpago, esperanza,
en las montañas o en el
mar.
Solo, solo,
sólo tu sola risa,
sólo mi solo espíritu,
solo
mi soledad
y
su
silencio.
Del poemario:
"El Río". Lima. 1960.
mi casa
1
Mi cuarto es una
manzana,
con sus
libros,
con su
cáscara,
con su cama
tierna para
la noche dura.
Mi cuarto es el
de todos
es decir,
con su
lamparín que
me permite reir
al lado de Vallejo,
que me permite ver
la luz eterna de
Neruda.
Mi cuarto, en
fin,
es una
manzana,
con sus libros,
sus papeles,
conmigo,
con su
coraazón.
2
Por mi ventana nace
el sol casi todas
las mañanas.
Y en mi cara,
en mis manos,
en el dulce
clamor de la luz pura,
abro mis ojos entre la
noche muerta,
entre la tierna
esperanza de
quedar vivo un
día más,
un nuevo día,
para
abrir los
ojos ante la
luz eterna.
Del
poemario: "El Río". Lima. 1960.
Unas cosas
Mariposas, árboles
calles angostas y
venideras, ¡cómo decirles
que a la hora del crespúsculo
sus ramas vivideras volverán
a crujir en la tormenta!
Si en la noche
remontaran el más ancho río,
¡cómo negarles su candor
sangriento,
su pecho claro
esclarecido!
Mariposas, árboles en la
tormenta, en el río claro
merced vuestras alas al
ruidoso viento
que entre los dos saldrá
la madrugada.
Del poemario:
"El Río". Lima. 1960.
El viaje del descanso
El deseo
Qusiera descansar
todo un año
y volver mis ojos
al mar,
y contemplar el río
crecer y crecer
como un cauce,
como una enorme
herida abierta
en mi pecho.
Levantarme,
sentarme,
recostarme en
las vertientes
o
en las orillas
de los mares,
recostarme en
las crecientes,
acomodarme
suavemente en
las aguas
o
en
los
manantiales.
el poema
1
He dormido todo
un año,
o tal vez he muerto
sólo un tiempo,
no lo sé.
Pero sé que un año
he estado ausente,
sé que un año he
descansado,
sé que en ese tiempo
las moras y las frutas
secaban sus raíces
triturándolas
de sabor y regocijo.
Yo descansé
en la sierra,
y felizmente mi
corazón no se secó
con la humedad
del llanto,
no sollozó,
no reclamó tristezas
pasadas.
Todo sucedía como
siempre:
y yo descansaba
descansando,
los trenes aún pesaban sus rieles,
los barcos naufragaban
tarde y anoche,
muchos peces
agotábanse en el mar.
2
Pero ya estoy aquí.
He vuelto sin embargo,
con un raro sabor
a tierra amarga,
muchos sufrimientos
tenía acumulados
y es difícil olvidar
en un año.
Es difícil dejar
todo abandonado,
un año es siempre
un año y nunca es suficiente.
Es difícil dejar todo,
pálidos arbustos
cubren el corazón
de odio,
y arrancar es siempre
dejar algo,
un hueco,
una raíz fina;
el aliento
del odio incansablemente
habita
en el corazón
y en el sueño.
3
Hoy he vuelto
mis caminos.
Partí hace ya
un año.
Todo podría negarlo
ahora:
no sé si he nacido,
no sé si he leído
alguna vez un libro.
Habre tal vez hojeado
un verso de Salinas
que hoy quiero olvidar.
Un año nunca es suficiente
cuando se desea el descanso.
Si he nacido
es porque he de acabar
con mis huesos
en el mar:
(el mar lo lava todo,
el mar cubre
las hierbas y los pastos,
él llena los corazones
de sal y de tinieblas).
Pero yo acaso ya he muerto,
un año es siempre un año,
realmente no he
descansado nada,
¿o es que quiero
volver a recostarme
en el lecho
del descanso, en donde
en sueños escuchaba
el rumor
de las vertientes
del otoño?
4
He vuelto ya.
Mamá, papá,
he vuelto.
Hermanos,
aquí estoy
como antes,
cantando en
las noches
del invierno,
con mi seco
corazón
de pan y piedra.
Gustavo, tú
has crecido.
¿Y ya no cuentas
con los dedos,
y ya no lees
letra a letra,
y ya no sueñas
con los tigres
y elefantes?
Es cierto, padres,
hermanos,
aquí estoy.
No sé‚ si he descansado,
y es que en el camino
encontré‚ un sauce que
reía con el viento y
con mis pasos,
que reía con
los dientes y las ramas,
que reía de todo
como un niño,
y esto me ha
hecho dudar.
5
He estado un largo
año tendido en
la hierba del olvido,
cubierto por
las hojas del amor y
del otoño.
Ya he descansado
un poco, lo confieso,
yo partí sin despedirme,
pero es que en mi corazón
no cabían ya mis flores,
en mi corazón no entraba
ya el duro secreto de la vida.
6
He vuelto lentamente
( Un poco de sueño
es siempre necesario
aunque sea corto como
el silencio de las
enredaderas).
Por cada pueblo que pasaba
de regreso,
veía que sus puertas
estaban abiertas
para mí,
que sus techos eran míos,
que sus campos,
sus oídos,
todo me pertenecía.
Yo caminaba y
caminaba,
no miraba atrás
hacia mi lecho de hojas,
un año es suficiente
me decía,
no es necesario morir
mas si es que queremos
abrir los brazos y decir:
"hasta mañana, gracias,
nada ha sucedido,
y estoy como siempre
entre los ríos,
y estoy como nunca
entre las piedras".
Y seguía caminando,
pensando en el pan
caliente de la casa,
saboreando el arroz
preparado por mi madre,
sintiendo a mi
cama
con
sus
sábanas
felices.
7
El canto de los
ríos
acompañaba a mis
pies
de tibio caminante,
el río
cantaba con mis brazos,
en él
yo miraba a la muerte y a
la vida.
Pero uno está siempre
compuesto
de un. trozo de muerte y de
camino,
y uno siempre es río,
o canto,
o lágrima cubierta.
8
He vuelto. Dormí un
largo año, descansé‚
y estuve muerto, pero
gocé de abril
y de las flores blancas.
9
Hoy he regresado por
los campos,
a ratos corriendo
sofocado,
a ratos descansando
nuevamente al pie
de un árbol de
hojas castañas.
El sol arriba,
(como siempre),
entonando estruendosas
canciones de triunfo
o desafiándome a correr
por todo el campo.
Me detuve
en las vertientes,
hundía mis brazos
en sus aguas,
conversaba
refrescando
la cabeza.
Y me vi de nuevo
reflejado en
el mar y aquí dudé
de nuevo:
yo no he sabido nada,
todo un año he viajado
por los pueblos
de los sueños.
no sé si soy tan sólo
un muerto que golpea
su cajón de asfixiado,
no sé si en un pedazo
de té pudiese recordar
toda una vida perdida,
pero sé que he estado
dormido:
un año es un siglo
cuando es un año
de sueños y de olvidos.
10
No me reprochen nada
si he estado ausente
todo un largo racimo
de días apretados,
es porque supuse
que nunca se puede
vivir tanto,
mis manos ya eran
manos sólo para
el clamor y el refugio.
Yo construía mis
grutas con mis ojos,
y las uñas no existían
para el pan ni para
el trigo.
Nunca sabré‚ si he
descansado,
saber no es suficiente,
un año es siempre un año,
pero sé que he dormido,
y allí donde dormía
las flores cubrían
mi cabeza,
y no me preocupaba
ni del río ni del valle,
ni del mar ni las arenas.
Hoy vuelvo,
hoy retorno
después de un año,
después de un año
de descanso o
de perenne viaje
hacia la vida.
Pero el viaje
del descanso,
o el viaje sin descanso,
o el viaje y el descanso,
todo es un alivio para
mis ojos muertos.
Hoy regreso con la duda
y la palabra,
hoy retorno con
la dicha en la garganta,
sin descanso o con descanso,
pero sin nuevos sueños.
Sin un nuevo suño
que me obligue a
retornar a mi lecho
de hierbas y de flores,
sin un nuevo y largo
sueño,
podré construir
nuevas palabras,
tal vez sonreiré
con cara alegre,
alguna vez saludaré
a la vida,
y esperaré
a la muerte alegremente,
con mi seco corazón.
Recuento del
Año
Una vez terminado
el año,
procedo a recoger
mis cosas nuevas,
procedo a reclamar
papeles viejos,
hago al compás
de charlas amistosas
el recuento del año,
el recuento de mis
365 días pasados:
todo se fue
rápidamente,
no hubo tiempo
para la cosecha,
ni para
sembrar el trigo
en los maizales.
Los días volaron
raudamente,
estuve sentado,
leyendo,
o alguna vez
escribiendo
hasta la noche.
No tuve miedo
de la muerte,
no pude sembrar
el amor como
quería,
recogí algunas
frutas caídas
y supuse que
al final moriría
alguna tarde
entre pájaros
y árboles.
No estoy muerto.
sin embargo,
entre tarde y tarde
cuando vibran
los soplos
del silencio,
abro mi corazón
al conjuro
del viento
y la palabra,
y construyo
casas,
tierras,
mares,
nuevos albores,
nuevas tristezas,
y callo al final
(como siempre
recordando y
recordando).
Las Estaciones
poema
Oscuro es el tiempo y leves
las sonrisas de los días.
El día asume su palidez
de infante: su regocijo se
expresa en las noches
del amor y la venganza.
Es la hora de los muertos,
ahí donde surgen los pálidos
rostros de niños consumidos
por el viento.
Largo es el camino y oscuras
las sonrisas de los días.
(Las tumbas conservan sus
viejos temores, los hombres
sus viejos escritos
y los niños nacen
con nuevos
rencores en los labios).
Y allí donde el día se ofrece
(oscuro regocijo de hierbas caídas)
abro mis ojos a la luz del amor
y de tus labios.
invierno
Agosto ha pasado ya.
Duras primaveras
acosan mis olvidados
recuerdos.
(Las cicatrices
del tiempo y del olvido,
lo cicatrices del odio
y el amor,
las llanuras de sangre
abiertas con la mano,
los campos desolados
por la sed y el amor).
primavera
Es la hora de la sangre
y del clamor.
ahí donde vibraban
los viejos clarines,
allí donde sonaban
los viejos sonetos,
vibran y suenan
los días oscuros
del tiempo y del amor.
Los muertos esperan
felices los truenos
pacientes,
y los ríos congelados
aguardan la llegada
del verano.
Verano, viejo sólido,
nada podrás contra
la ardiente tiranía
de la primavera.
verano
Redoblados soplos del amor
sacuden el corazón y los ojos.
(Es la luz de la vida y
de los días. Es el castigo de la
muerte y de las noches).
Recojo y siembro las semillas
del amor;
camino entre noches
oscurecidas por
el vino,
pregunto a la tierra
y a los montes,
arranco montañas
de odios y tumultos:
¿Qué son las tardes
al lado de la paz,
qué son los montes
al lado de los sueños,
qué son los ríos
a lado de las lágrimas,
qué son una sonrisa,
un llanto,
un estremecimiento,
un
rostro,
una
mano
si día a día
mueren
las hierbas
en los campos,
si día a día
caen en sus
noches
los árboles
del amor y
del silencio?
otoño
En los ríos del otoño,
mi sangre, mi muertos,
mi amor, las hierbas caídas,
mis labios, las cicatrices
abiertas,
se fundirán como
una primavera,
se unirán como niños
jugando,
en el eterno renacer
de nuestros corazones.